Saussure y el nacimiento del alpinismo: hombre y montaña se encuentran

Hace más de 230 años Horace-Bénédict de Saussure llegaría a cumbre del Mont Blanc. Ese día nacería el alpinismo como lo entendemos hoy en día.

«Desde la infancia he sentido la pasión más encendida por las montañas».

– Horace-Bénédict de Saussure

Horace-Bénédict de Saussure nace en 1740 en un pueblo llamado Conches, perteneciente a Ginebra, donde predominaba una vista majestuosa a los Alpes. Fue un botánico, geólogo y un gran apasionado por las montañas, fundamentalmente por el Mont Blanc, cumbre más alta de la Europa occidental que sus ojos vieron por primera vez en el año de 1760. Caminante infatigable, se sirvió de sus numerosos viajes para componer su obra titulada Voyage dans les Alpes (Viajes a los Alpes).

En el siglo XVIII los Alpes no eran muy conocidos y sólo habían sido recorridas sus laderas por cazadores y buscadores de cristal. Aquellas enormes formaciones de roca que se elevaban sobre el terreno eran, hasta ese entonces, residencia de los dioses, cuerpos de gigantes petrificados por algún dios, murallas infranqueables vestidas con leyendas y supersticiones. Y no sólo allí sino en las culturas más diversas las montañas eran concebidas como espacios sagrados. El Teide en las islas Canarias para los guanches, o el sagrado Monte Fuji en Japón, o el Monte Ararat entre Turquía y Armenia donde algunos afirman que aún descansan los restos de la bíblica Arca de Noé, o el propio Pico de Orizaba, la montaña más alta de México donde Quetzalcóatl dio su último adiós antes de convertirse en una estrella brillante.

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Pero, como extraordinario aventurero, explorador insaciable, Saussure fue uno de aquellos que aprenden a mirar con otros ojos, con un apetito que se sacia sólo al sumergirse en las profundidades de aquello que le resulta misterioso e inquietante, paso a paso, asumiendo todos los peligros que podría representar. Fue así que se propuso llegar a la cumbre del Mont Blanc.

Ya en 1760, en su primer viaje, ascendió el Col de Brevént de 2,525m y desde el cual divisó la cumbre más alta de Europa occidental. Allí, sintió el llamado de la montaña. No obstante, consciente de la dificultad de la escalada, ofreció una recompensa económica a quien fuera capaz de encontrar una vía de acceso. En 1786, Jacques Balmat y Michel Paccard alcanzaron la cima del Mont Blanc.

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Fue justamente Balmat quien guiaría a Saussure un año después a la cumbre soñada del Mont Blanc. Ese día representa, simbólicamente, el surgimiento del alpinismo entendido como deporte. Pero dicho ascenso fue más allá de una hazaña atlética. El grupo de expedición midió la altitud, la presión atmosférica, la humedad del ambiente, la electricidad estática, la temperatura del punto de ebullición del agua a los 4,808 metros de altitud que tiene el monte, así como también el contenido de oxígeno del aire y lo azul del cielo.

«No daba crédito a mis ojos, me parecía un sueño cuando veía a mis pies estas cimas majestuosas, estas agujas terribles, el Midi, la Argentière, el Géant, a cuyas solas bases me había resultado tan difícil y arriesgado acceder. Ahora percibía sus analogías, su relación, su estructura y, con sólo una mirada, disipaba todas las dudas que años de trabajo no habían podido esclarecer».

– HORACE-BÉNÉDICT DE SAUSSURE

Lo que hoy día llamamos conocimiento transdisciplinario constituía la forma casi cotidiana de practicar la ciencia y la filosofía en época de Saussure -sería difícil afirmar cuál de ellas surgió primero, indisociables para los griegos-. Su pasión por las montañas se desarrollaba no sólo en una vertiente deportiva, sino en un ámbito donde las humanidades y las ciencias no eran enemigas. En sus viajes reunió una impresionante cantidad de datos sobre Climatología, Hidrología y Botánica. Fue también un gran luchador social, defensor una constitución más democrática para Suiza y promotor de la educación pública para todos. En 1793 prestó el juramento voluntario de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

El 3 de agosto de 1787 nacería el alpinismo como lo conocemos hoy en día: una práctica en la que el hombre y la montaña, y el hombre consigo mismo se encontrarían, escribiendo una historia que probablemente no tenga un final y en la que exploradores y grandes aventureros han reinventado y superado aquello que se considera los límites de lo posible y lo inútil.

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