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Libertad y outdoors: ¿el aislamiento social en casa coarta nuestra libertad?

Reflexiones sobre libertad, outdoors y aislamiento social en tiempos de coronavirus: «si se es libre, se puede continuar la aventura desde casa».

¿Qué es ser libre?, ¿cómo encontramos la libertad?, ¿será casualidad que le nombramos «aire libre» al espacio donde la plenitud nos abraza? Este es un viaje a través del concepto de «libertad» con un objetivo: recordar que si realmente somos libres, bajo una situación de aislamiento social podemos quedarnos en casa para seguir la aventura desde otras dimensiones. Pero empecemos por el principio…

¿Eres libre?

A lo largo de la historia el ser humano ha buscado definir qué es la libertad personal. En términos muy generales podemos decir que es la capacidad de hacer y pensar de acuerdo a nuestra voluntad. Ahora bien, no existe algo así como la libertad absoluta; estamos determinados por nuestro contexto, nuestra historia, idioma, la nación a la que pertenecemos, incluso al estado de derecho que la garantiza, así como también por las leyes naturales.

La libertad está estrechamente ligada a la acción consciente, es decir, a elegir. Y en el mejor de los casos, podemos luchar y defender nuestra libertad. Para lograrlo, eso sí, debemos reflexionar por qué pensamos como pensamos, y por qué queremos lo que queremos; únicamente de esta manera podemos intentar liberarnos de todo aquello que no nos pertenece, que nos ha sido inculcado o que no deseamos. Pero, otra vez, la libertad no es absoluta porque estamos condicionados a ser lo que somos y nuestra libertad parte de quienes somos.

Entonces, nuestra libertad -aunque limitada- surge de nuestra existencia, es decir de lo que hacemos o dejamos de hacer, y no de nuestra «esencia», de lo que somos, digámoslo vulgarmente, «por nacimiento». ¿Qué quiere decir todo esto? Que si bien no existe una libertad absoluta, sí tenemos una libertad de elección. Sartre dice que el hombre libre es el que se hace a sí mismo.

“Cuando el hombre cesa de crear, deja de existir”.

– Lord Byron

La libertad nos fascina, la asociamos con el escape de las obligaciones, la ley y la opresión, y existe porque el mundo es incompleto, es decir, porque se dan cosas inesperadas, interrupciones de la cotidianidad, cambios abruptos que no teníamos contemplados, como los son, por ejemplo, una enfermedad, un desamor, una injusticia, un virus que causa una pandemia y que nos impide salir de casa.

Podemos decir que, porque la realidad es imperfecta e inacabada, existe la libertad. No hay garantía alguna de que una decisión a favor de algo termine siendo lo que esperamos, porque si la hubiera, entonces no sería producto de un acto libre. Somos libres porque no conocemos el destino, incluso, no existe algo así como el destino.

¿Da miedo la libertad?

En parte sí. Se es libre cuando tenemos la opción de elegir, pero no podemos saber a ciencia cierta cuál será el efecto de nuestra elección y eso causa incertidumbre. Entonces preferimos refugiarnos en la seguridad que nos ofrece el mundo de la historia, el cotidiano, el que nos es «dado», antes de optar por ser libres. 

Digamos que quien opta por la libertad sale a buscar (crear) la vida, mientras que quien teme ser libre espera a que la vida suceda. Finalmente, ser libre es, válgase la redundancia, liberarse de lo que uno no quiere para elegir lo que sí quiere; mientras que no ser libre es aceptar lo que nos es dado.

El encuentro con la libertad en el outdoors

Decíamos que quien opta por la libertad sale a buscar la vida. Nada es más perjudicial para una persona aventurera que un futuro seguro, ¿no es así? La alegría de la vida proviene, para quienes sienten una fuerte atracción por el «aire libre», de los encuentros con nuevas experiencias, y por lo tanto no hay mayor alegría que un interminable horizonte cambiante. ¿Será casualidad que le nombremos aire «libre»?

Pero, ¿por qué encontramos libertad en el outdoors? Una experiencia profunda de la naturaleza crea sentimientos profundos que conducen a preguntas profundas. Y no sólo en términos filosóficos o espirituales, sino en el sentido más básico. Adentrarse en la naturaleza es aventurarse a lo desconocido, a lo imprevisible, a lo cambiante -el clima, el refugio, el alimento, la compañía se dan de modo distinto al que estamos acostumbrados en las urbes-. ¿Lograré ascender esta ruta?, ¿podré llegar a esa cima?, ¿conseguiré librarme de la tormenta que se aproxima?, parecen preguntas inútiles, pero en el fondo son reflejo de experiencias que nos sacan de nuestra zona de confort, de nuestra cotidianidad, de lo que es «previsible«.

Bajo la experiencia de la incertidumbre, que como decíamos también nos da libertad -porque tenemos la opción de elegir-, nacen sentimientos de pertenencia que, sin embargo, no nos encadenan, no coartan nuestra libertad, más bien la intensifican, ¡qué paradójico! ¿Te ha pasado en el outdoors que surge en ti un sentimiento de pertenecer a un lugar incluso sin haber estado ahí antes?

El sentimiento de pertenecer a un río o una montaña resulta demasiado espiritual para mucha gente. Incluso, quienes habitan en las grandes urbes suelen perder la capacidad de conectar de manera subjetiva con entornos naturales, y su relación se mantiene desde una dimensión objetiva; la naturaleza es un objeto, «sirve para algo»: alimento, pasatiempo, o incluso es un espacio aterrador e incómodo. Pero dejarse absorber por la naturaleza es un estado físico y mental, una habilidad que necesita entrenamiento: es una elección.

Libertad en el outdoors: libertad condicionada

Quien se sumerge plenamente en la naturaleza establece una relación incondicional, es decir, elige adentrarse en ella y esa elección produce un sentimiento de libertad de la cual no conoce a ciencia cierta el desenlace.

Encontrar libertad en el outdoors va más allá de «dominarla» o «conquistarla» porque, como decíamos, la libertad nace ahí donde no existe garantía alguna de que una decisión a favor de algo termine siendo lo que esperamos, porque si la hubiera, entonces no sería producto de un acto libre. Cuando nos proponemos subir una montaña, recorrer de principio a fin un trail o ascender una ruta, no tenemos certeza de que lo lograremos hasta que lo intentamos. Y una vez alcanzada la cima, el dominio ha sido sobre nosotros mismos -superamos miedos, cansancio, hambre, pasos técnicos, tramos difíciles-, pero no de la naturaleza que puede, en un abrir y cerrar de ojos, borrarnos del panorama. Si la conquista de la naturaleza se diera, entonces ésta quedaría supeditada a nuestro beneficio, desaparecía la incertidumbre y, por ende, ya no propiciaría experiencias verdaderamente libres.

En cambio, una conexión profunda con la naturaleza origina un sentimiento de responsabilidad hacia ella, ¿por qué? Porque la reconocemos como el espacio donde somos libres. ¿Qué implicaciones tiene esto? Que toda libertad está determinada por la responsabilidad que tenemos de poseerla. Es decir, otra vez, la libertad no es absoluta, está condicionada; somos libres de elegir qué pensar y qué hacer, pero la acción tiene una frontera: termina donde nuestros actos afectan al otro.

Así, si nuestra libertad en el outdoors está limitada por una responsabilidad: la de protegerlo, dejarlo mejor que como lo encontramos o, por lo menos, tal como lo encontramos, entonces, violentar la naturaleza es, a un mismo tiempo, violentar nuestra propia libertad.

-PRACTICANTES OUTDOORS INSISTEN EN VIOLAR CUARENTENA: ¿Y EL SENTIDO DE COLECTIVIDAD?-

Aislamiento social, libertad y outdoors

«Muchos de nosotros nos sentimos en la orilla ahora mismo, sin saber en qué dirección van a ir las cosas, y a dónde iremos a parar después de esta locura. Pero como cualquier aventurera en el lugar más remoto y salvaje de este mundo, esta situación también nos puede ayudar para aprender de nosotros mismos, a descubrir nuestras fortalezas que no sabíamos que teníamos.»

Si en el outdoors se encuentra la libertad, bajo una situación de aislamiento social como la que se vive hoy en día derivada por la pandemia del coronavirus en la que la petición es que nos quedemos en casa -tal como sucede en países como México, donde no existe una orden de confinamiento por parte de las autoridades hasta el momento y el aislamiento se da por elección propia-, ¿no está perdiendo el aventurero dicha libertad?, al estar encerrado en cuatro paredes, ¿no se está coartando su libertad?

Se ha dicho ya: la libertad no es absoluta, y no surge de lo que somos sino de lo que hacemos y pensamos. Entonces, son las decisiones y no las condiciones lo que determina nuestra libertad. Estar en casa es una condición dada; mientras que ser libre en el outdoors es una decisión: una elección. Pero, ¿esto quiere decir que si queremos ser libres (y ser libre es tomar decisiones), lo que queda es violar la regla de quedarse en casa e ir al outdoors? ¡No! ¿Por qué? Nuevamente: la libertad personal nunca es absoluta y carga consigo una importante responsabilidad: la de no violentar la libertad del otro.

«La libertad es el derecho a mover el brazo, pero no golpear a nadie con él».

Mientras el virus se propaga por el mundo, y algunas ciudades sufren una profunda crisis en los sistemas de salud que se han visto saturados, un debate global se abre: ¿estamos preparados para renunciar a nuestras libertades personales por nuestra seguridad? La libertad es una condición sine qua non de la creatividad, el pensamiento, las relaciones y la producción humana. No obstante, equilibrar la libertad y la seguridad también es esencial para una lucha efectiva contra el virus y, algo más importante aún, para frenar los desastres naturales provocados por el hombre.

Eduardo Urbina

Algo nos está enseñando la crisis de la actual pandemia: las amenazas globales muestran que ninguno de nosotros está a salvo hasta que todos estemos a salvo.

Quedarse en casa hoy no es violentar nuestra libertad, es trasladar nuestra libertad del outdoors a casa: allí, la exploración puede tomar nuevos rumbos a través del pensamiento y la creatividad, lo que resulta más humano, porque se trata de una lucha por la libertad global y no sólo la personal.

La pandemia nos enseña:

  • No superaremos la crisis sino todos juntos: haciendo lo que corresponde a cada quien.
  • Los verdaderos héroes de esta terrible experiencia, y quienes sí han perdido su libertad: son los médicos, las enfermeras y los trabajadores de la salud que arriesgan sus vidas para salvar a otros.
  • El aventurero, el amante del aire libre, no pierde su libertad al quedarse en casa: porque sabe que la exploración es una elección que puede tomar distintos rumbos, más allá de las condiciones impuestas. Nuevamente: son las decisiones y no las condiciones lo que da libertad.
  • El coronavirus es una advertencia de que no somos los dueños del universo, y que el mundo no es nuestra propiedad privada. Algo que ya sabían a profundidad quienes aman el outdoors y que, además, reconocen que quedarse en casa es darle un respiro a la naturaleza.
  • Hoy: quedarse en casa es la forma de la libertad más humana.

«Cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos.»

– Viktor Frankl

“CUANDO REGRESES, RECUERDA QUE ERES UN INVITADO”: DÍA DE LA TIERRA