Heidegger: el filósofo que encontró en el bosque el lugar ideal para escribir

Foto de portada: Cabaña de Heidegger, de Muesse, en Wikipedia Commons.

¿Por qué Heidegger, uno de los filósofos más importantes de la historia, elegiría una cabaña austera como el lugar indicado para pensar?

«La cabaña y su entorno ofrecían a Heidegger cosas y sucesos que le invitaban a la reflexión y la contemplación, […] intensificaba sus experiencias y condicionaba sus inclinaciones emotivas. La ubicación da cuenta de momentos de la íntima intensidad que el filósofo sintió en sus contemplaciones.»
– Adam Sharr, en «La cabaña de Heidegger. Un espacio para pensar»

Martin Heidegger fue uno de los pensadores más influyentes del siglo XX, no sólo por la trascendencia de sus escritos filosóficos, sino porque abarcó diversos ámbitos, como el político, social, antropológico, estético y artístico, así como también el ecológico.

Nació en 1889 en Messkirch, Baden, en Alemania y, en términos muy generales, fue uno de los primeros en defender la superación de la filosofía entendida como la «búsqueda de la Verdad». Es decir, para él, como para otros pensadores (como Nietzsche), la filosofía no debería ya de buscar una Verdad Universal que dictaminaría al hombre y su vida, sino dirigir su atención a la concepción del hombre partiendo de otros ámbitos, como el del lenguaje y los discursos. A esto se le llamó la «superación de la Metafísica».

Dentro de la vasta obra de Heidegger, una buena parte la escribió en una pequeña casita de madera en Todtnauberg, en las montañas de la Selva Negra alemana. A lo largo de cincuenta años el filósofo alemán pasó temporadas pensando y redactando en este espacio. Concretamente, desde 1923, cuando comienza a escribir Ser y Tiempo, una de las obras más importantes de la filosofía contemporánea.

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La cabaña de Heidegger fue un espacio construido por la familia del filósofo para el descanso y el ejercicio reflexivo. Ubicada a 1,100 metros de altitud y orientada según los puntos cardinales, se trata de una construcción austera, con lo esencial para vivir.

Aunque la cabaña existe hoy en día y atrae gran cantidad de personas que quieren conocerla, ésta no tiene nada en particular que no tenga cualquier cabaña de montaña. Pero, entonces, ¿por qué este espacio fue tan trascendente en la vida de Heidegger? Sí, porque allí escribió muchas de sus obras más importantes pero, ¿por qué ahí? Porque encontró el lugar propicio para la reflexión, no tanto por las características de la cabaña, sino por las circunstancias que le rodean: la naturaleza. Lo que el alemán buscaba en este espacio está claro: la soledad y la experiencia del tiempo y el espacio propio de las montañas.

Cuando Heidegger visitaba esta cabaña no lo hacía para «descansar» de la ciudad (vivió en Friburgo y en Berlín, donde fue profesor y rector), sino porque en las montañas y en el campo encontraba el espacio idóneo para pensar y escribir. Allí, el horizonte, a veces extenso, en días claros, a veces limitado a unos cuantos metros por la niebla, le permitía, de alguna manera, extender los límites de la mente, mientras la cabaña le proporcionaba cobijo.

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Precisamente, Heidegger escribió sobre el construir, el habitar y el pensar como tres aspectos que no pueden estar diferenciados entre sí (tiene una obra que se llama, justamente, Construir Habitar Pensar). Para el filósofo, la construcción de los espacios no podía realizarse sin tomar en cuenta cómo se habitarían, pero no en el sentido arquitectónico de «comodidad» y «eficiencia», de «vivir ahí», como si la casa sólo fuese un espacio ajeno que ocupamos para protegernos del clima, para alimentarnos y descansar, sino desde aspectos más profundos, espirituales y morales: el hogar es el espacio donde también habitamos nuestras mentes, recuerdos, sueños y deseos. La casa no ha de ser sólo un lugar práctico, sino un espacio propicio para conectar con el mundo exterior e interior.

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Entonces, ¿por qué una cabaña en la montaña? Porque allí Heidegger reconoció que sería el lugar idóneo para habitar: para adentrarse en el pensamiento y para conectar con el universo. ¿No es esta la experiencia que también encuentran los alpinistas en las montañas? Lejos de ser espacios prácticos -se pasa frío, hambre, cansancio, dolor, desorientación-, son lugares donde habitan nuestros sueños, deseos, superaciones y reflexiones más profundas.

Y no sólo Heidegger; han sido muchos los pensadores que han encontrado cerca de la montaña los espacios idóneos para habitar sus reflexiones y desarrollar sus más grandes obras, entre ellos Heráclito, Lao-Tse, Thoreau, Wittgenstein, Mann y Nietzsche. Las montañas son escenarios que marcan los confines de lo mundano, de lo finito y lo infinito. Así como nos preguntamos, ¿cuáles son los límites del cuerpo? también nos preguntamos ¿cuál es el límite del pensamiento? Así lo han sido desde la antigüedad, y lo son hasta nuestros días.

«Cuando el tiempo lo permitía, a Heidegger le gustaba trabajar en su escritorio en el exterior. Instaló una mesa que miraba hacia los Alpes, al oeste.
Como utilizaba la cabaña en parte como base de sus excursiones por el bosque, se habían previsto lugares para guardar y secar la ropa de la calle. […] Heidegger disfrutaba esquiando y los esquís se guardaban en el secadero.»

– Adam Sharr, en «La cabaña de Heidegger. Un espacio para pensar»

Si quieres leer más sobre este tema, te recomiendo tres libros:

  • Construir Habitar Pensar, de Martin Heidegger.
  • La cabaña de Heidegger, de Adam Sharr
  • Habitar, de Juhani Pallasmaa

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