Antoine de Ville, el francés que ascendió el Mont Aiguille en 1492

Foto de portada: Daniel CULSAN en Wikipedia Commons.

¿Tiene el alpinismo 528 años de historia? Antoine de Ville, el hombre que llegó a la cima del Mont Aiguille en 1492, en busca de tesoros.

En 1787, hace 233 años, Horace-Bénédict de Saussure ascendió exitosamente a la cumbre del Mont Blanc, Francia, logro que es considerado por muchos como el inicio del alpinismo tal como lo conocemos hoy en día, esto es, a pesar de que en dicha hazaña hubo objetivos de estudio científico, también fue reconocido desde su dimensión deportiva.

Ahora bien, hace 528 años, en 1492 -cuando el último rey musulmán, Boabdil, se retira a las Alpujarras después de casi 800 años de dominio islámico en la península ibérica, y cuando también desembarcan los tres navíos de Cristóbal Colón en la isla Guanahaní (Bahamas), hecho que será conocido como el «Descubrimiento de América»-, un hombre llamado Antoine de Ville lograría una hazaña poco común en los Alpes Dauphiné: el primer ascenso memorable que allanó el camino para el montañismo.

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Mucho más que la altitud -con apenas 2,087m-, es la extrañeza de las formas lo que asegura la celebridad de esta montaña. Se trata del Mont Aiguille, que en aquel momento se llamaba Monte Inaccesible. Es un bloque con paredes verticales de casi 300 metros de altura con una peculiar cima, ni redonda ni puntiaguda, sino con forma de una terraza casi horizontal, como una isla de vegetación rodeada por una feroz muralla. Para aquellos tiempos y como su nombre lo decía, innaccesible.

Por ello, y como sucedió en muchas de las montañas alrededor del mundo, al Mont Aiguille le rodeaban algunas leyendas. Se decía que la cima se encontraba un verdadero paraíso, lleno de seres maravillosos, que vivían entre flores y tesoros, pero nadie se había aventurado en ese lugar para verificar estos cuentos.

Pero, a finales del siglo XV, reinaba en Francia Carlos VIII, hijo de Luis XI, un joven aventurero, gran amante de las novelas caballerescas, oyente crédulo de hechiceros y alquimistas. En 1490, cuando realizó una peregrinación de Notre-Dame-d’Embrun, pasó cerca del Mont Aiguille, lo que suscitó en él una inquietud por llevarse la gloria de alcanzar la cumbre y quedarse, además, con los tesoros que se decía que ahí había. Pero no lo intentaría él por sus propios medios.

Carlos VIII encargó a un personaje de su suite, Antoine de Ville, señor de Domjulien, llegar a la cima de dicho monte.  Antoine de Ville era capitán al mando de una tropa de 50 hombres de armas y 400 ballesteros; no era aventurero, sino militar. Así, para realizar dicha hazaña implementaría una escalada artificial.

¿Cómo escaló Antoine de Ville los 300m de pared del Mont Aiguille? De Ville construyó un andamio sobre la pared, con al menos 250 metros de altura. El ascenso no fue hecho por una atrevida escalada, sino por medio de escaleras. Algo que nos puede resultar extraño desde la mirada alpinista actual, pero no lo fue en aquellos años donde el objetivo era conseguir los tesoros escondidos en la cumbre.

Antoine de Ville llegó por primera vez a la cima de dicha montaña, donde pasó seis días junto con su equipo. Los sacerdotes dieron varias misas y levantaron cruces al borde del precipicio. No obstante, al no haber encontrado los tesoros prometidos por las leyendas, la única gloria fue la del ascenso. Al cumplir con la misión descendieron, desmantelaron el andamio y lo abandonaron a la intemperie. 

Desde ese momento el Monte Inaccesible volvió a su soledad y pasaron tres siglos más para que alguien pisara nuevamente su cumbre. Fue el 16 de junio de 1834 (o 1938) cuando un pequeño grupo de campesinos de la región intentó nuevamente escalar el Mont Aiguille, pero esta vez sin artificios ni escaleras. Solo uno de ellos llegó a la cumbre: Antoine Liotard. Este segundo ascenso fue, sin duda, mucho más alpino, en el sentido que le damos al término hoy en día.

Actualmente se pueden encontrar un gran número de rutas para escalar el Mont Aiguille y así ir en busca de los tesoros que aguarda la cumbre de esta montaña, como tantas otras.

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