¿Qué es la aventura? Un término que definimos todos

¿Qué significa «aventura»? Conoce el origen de la palabra que define al montañista y al amante de la vida al aire libre (con poema incluido).

El origen etimológico de las palabras nos permiten no sólo saber de dónde proceden sino las posibilidades que hay para emplearlas adecuadamente. No obstante, serán pocos los amantes de las actividades al aire libre quienes no sepan a qué se refieren cuando usan la palabra «Aventura» y «Aventurero«. Pero si vamos un poco más hacia adentro de este concepto descubrimos aspectos interesantes que explican la esencia del montañista y el amante de las actividades al aire libre.

¿Cuál es el origen de la palabra «Aventura«? De acuerdo al diccionario etimológico, la palabra Aventura «procede del latín adventura, forma neutra y plural del participio de futuro activo del verbo advenire (llegar), compuesto del prefijo ad– (aproximación, dirección, presencia), venire (venir) y el sufijo -urus/-ura que indica esa idea de actuante remitido al futuro, y que no hay que confundir con el sufijo de sustantivos -ura/-tura que indica actividad o resultado. En latín, Adventura significa «las cosas que han de llegar» y esta combinación de prefijo y raíz se refiere a aproximación (ad-) a los hechos inciertos que están por venir (ventura)«.

«Aventura» puede emplearse para hablar de diferentes cosas, desde una relación sentimental clandestina y pasajera, un género cinematográfico e incluso un suceso excepcional en el que uno participa sin ninguna seguridad de que se acabe con éxito.

En el mundo del montañismo, el «aventurero» es quien emprende una «aventura«. ¡Espera! no queremos parecernos a los diccionarios tautológicos (los que definen una palabra usando la misma palabra o una similar); recordemos su origen etimológico: «las cosas que han de llegar». Es decir, el aventurero es quien se aproxima a los hechos inciertos que están por venir. ¿Hechos inciertos? Sí, experiencias de naturaleza arriesgada normalmente compuesta de eventos inesperados, incluso con cierta clase de peligro.

¿Por qué alguien quisiera aproximarse a hechos inciertos que están por venir y que incluso lo ponen en peligro?

Ésta suele ser la pregunta que se le realiza a todo montañista, a lo que generalmente se responde: «porque es precisamente ahí donde salgo de mi zona de confort». Y entonces nace una segunda cuestión, ¿para qué tendríamos que salir de nuestra zona de confort? Para obtener experiencias que de otro modo no tendríamos: de entrada, saber que podemos llegar mejor y más lejos de lo que habíamos llegado, es decir, buscar la aventura es una forma de superarse a pesar de sabernos finitos, mortales.

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Las aventuras han existido desde que se tiene constancia de textos escritos, incluso antes, pese a no llamárseles así. Por ejemplo, en la época clásica (los griegos) les llamaban odiseas (sí, la Odisea de Homero, es un ejemplo). En la Edad Media, un gran ejemplo es Marco Polo, viajero veneciano que recorrió Asia Oriental; son también las novelas de caballería. En la Edad Moderna, época de las grandes conquistas, los colonizadores viajaron con propósitos lucrativos pero todo ello iba empapado de un aventurarse a lo desconocido; en el ámbito literario Don Quijote de la Mancha (el libro más leído después de la Biblia, escrito por Miguel de Cervantes Saavedra) es un extraordinario ejemplo que narra, justamente, las aventuras de su protagonista, Don Quijote, junto a Sancho Panza.

En la Época Contemporánea tuvieron lugar los primeros viajes que no perseguían fines monetarios ni científicos y en los cuales el objetivo fue aproximarse a hechos inciertos para superarse con destreza e ingenio. El ejemplo que nos queda más próximo: el montañismo.

Hoy en día, dentro del mundo de las actividades al aire libre la palabra «aventura» posee nuevas e innumerables connotaciones. Para muchos se trata ya de un cliché, de una palabra malgastada y bastante atractiva para las agencias de viajes que paradójicamente te venden un «todo incluido». Sin embargo, para algunos otros todavía define bien las expediciones en solitario a lugares remotos en países lejanos, donde la autosuficiencia, la experiencia y la valentía encuentran el mejor espacio para desarrollarse.

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Finalmente, la vida misma es una suma de hechos inciertos que están por venir pero, ¿eso nos convierte en aventureros por nacimiento? O quizá, ¿el aventurero es quien no acepta tener sólo quince días de aventura al año? Para Sebastián Álvaro, un reconocido periodista español (que ha realizado más de sesenta expediciones a ochomiles), la aventura «es el único sitio, el único momento, la única forma en que podemos robar tiempo a la muerte«.

Para ti, ¿qué significa emprender una aventura? ¿será, quizá, algo parecido a un viaje a Ítaca, como lo define el siguiente poema de Constantino Cavafis?

«Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.»

C. P. Cavafis. Antología poética.
Alianza Editorial, Madrid 1999