Brown Sewing Composition
Sewing tools on the brown table and linen cloth, flat lay geometric composition

En la era del consumo, reparar es un acto radical

Una de las características de nuestra época es lo efímero de las cosas. Tanto así que el reparar, mantener y reutilizar lo que compramos podría ser un verdadero acto de rebeldía contra corriente.

¿Cuál es el tiempo de vida práctica de un vaso de unicel? ¿Qué tal el tiempo de vida de una chamarra de montaña con los colores de la temporada invierno 2016?

Es un dato conocido que muchos escaladores son, en realidad, malos clientes. No porque no tengan dinero (no necesariamente, al menos), sino porque tienden a asignarle valor a sus cosas más allá del consumo inmediato. En contraste, los mejores clientes son los que se envisten del disfraz completo para un fin de semana aunque muchas veces las cosas terminen en un rincón del clóset.

«Como consumidores individuales, lo mejor que podemos hacer por el planeta es mantener en uso nuestras cosas por más tiempo.» – Rose Macario, CEO Patagonia

No todo es culpa de quien compra. La economía, en realidad, está basada en el consumo y la generación de valor a través de productos y servicios. Lo anterior daría como resultado -en teoría- el flujo de capital que permitiría la generación de riqueza (así como de trabajo, seguridad social y servicios que conduzcan a la prosperidad… de nuevo, en teoría). Y hasta cierto punto es cierto, sin embargo, nos encontramos con un ingrediente que perturba la fórmula: la obsolescencia por diseño en los productos.

El planeta, es claro, no es la fuente inagotable de recursos que un ser mágico destinó para el gozo del hombre.

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Consumir menos, comprar a quien es responsable, reparar más, reutilizar y, sobre todo, valorar más la experiencia que la posesión.

Como en todo, los nuevos diseños son atractivos y esa nueva tecnología de cierres con imanes que pesan 3 microgramos menos que el modelo anterior también lo es. El punto no es que no los compremos, sino que lo hagamos solo cuando sea necesario, no cuando el impulso de consumo lo demande. Mientras tanto, coser el agujerito que le salió a la playera -en lugar de desecharla y comprar otra- será uno de los mayores actos de rebeldía que podremos ejercer como consumidores individuales.

El acto no se queda en reparar lo que ya tienemos y en comprar menos, también entra en juego saber a quién comprarle. No tiene el mismo impacto comprar un jitomate congelado importado de Japón mediante viaje en barco por dos meses, que comprárselo -así como esté, aunque no se vea brillante y perfecto-, al productor local.

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Y lo mismo pasa con todo: tiene menos impacto reparar la pantalla del celular por sobre comprar uno nuevo pero, si se ha de comprar otro, tiene menos impacto comprar una marca que no va a dejar de servir en dos años porque ya salió la versión plus.

Afortunadamente el equipo y ropa de montaña tiende a ser muy duradera. Por la naturaleza de su uso, es necesario que sea duradera, de otra forma no serviría para las condiciones a las que se expone. Pero aún así es inevitable el daño, por eso, repararla y, en el caso del equipo, reutilizarlo con otro propósito, es un gesto de responsabilidad que se contrapone al consumo de nuestra era. Es, pues, un acto radical.

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