Economía Circular: un paradigma que podría salvar al planeta

La Economía Circular es un modelo familiar para los deportistas de montaña: consiste, fundamentalmente, en no dejar huella.

El modelo económico tradicional (linear) es simple: se toman insumos para ser transformados en un producto de valor agregado por el que alguien esté dispuesto a pagar por su consumo. El modelo ahí termina, asumiendo que alguien o algo más, ya sea el mercado -la famosa y tan real mano invisible del mercado-, o el gobierno mismo, regulará el inicio del proceso -el de la extracción y producción de insumos-, al igual que el final: los desperdicios.

Hasta cierto punto lo anterior es cierto, pero no perfecto y, en algunos casos, está muy lejos de ser incluso funcional. La realidad de nuestra era es que el ser humano extrae recursos naturales, los transforma en materiales que no forman parte de la dinámica de los ecosistemas, los transforma en productos que, con frecuencia en el consumo masivo, son de uno o poco uso, y los desecha para su olvido eterno. La conclusión todos la conocemos: los materiales de nuestra basura existirán en el ambiente por miles de años, causando daños a la vida que apenas empezamos a vislumbrar.

Economía Circular: el final del ciclo de vida de un producto es el inicio de otro, reduciendo al máximo los desperdicios.

La llamada «Economía Circular» propone un paradigma que es nuevo para los sistemas de producción, aunque no lo es tanto para la cultura de montaña, y mucho menos para grupos sociales que lograron integrarse al sistema natural, en lugar de dominarlo y depredarlo.

Pero, aunque la Economía Circular afecta principalmente los métodos de producción y diseño de productos, también tiene implicaciones importantes en el paradigma de consumo masivo: significa consumir lo menos posible, reutilizar todo lo que se pueda, compartir, reparar, y no desperdiciar.

Uno de los ejemplos más representativos de la Economía Circular es el textil: materiales de plástico reciclado que se transforma en ropa que, eventualmente, será reparada e, incluso, aprovechada nuevamente para hacer otros productos.

No dejar huella: un valor clave en los deportes al aire libre y en la Economía Circular

«Que no se note que estuviste ahí», es la forma típica de explicar qué significa «no dejar huella». A mayor profundidad, lo que significa es emplear un estilo de ascenso (o de práctica del deporte de montaña en cuestión), que utilice la menor cantidad de recursos posibles, que no modifique el entorno, y que no deje ningún residuo en la montaña. El sentido de no dejar huella es, sin lugar a dudas, mejor representado por el llamado «estilo alpino».

El montañista, con frecuencia, sigue ya algunos de los preceptos de la Economía Circular. El montañista suele reparar sus botas antes de comprar unas nuevas, a la vez que le da mayor valor a aquellos pantalones con los que subió su primera montaña, que a los nuevos plus ultra a la venta. Como siempre, «hay de todo», pero con frecuencia pasa eso. De nuevo, el estilo alpino regresa a la mente al describir los hábitos de una persona que apoya la Economía Circular.

Las empresas con procesos de Economía Circular tienen más éxito; las empresas outdoor van a la vanguardia

El residuo se convierte en recurso: empresas que han optado por reutilizar o reciclar los residuos han bajado los costos de producción y por ende los precios de venta, beneficiando al consumidor pero, más importante, al cuidado del medio ambiente.

Ferias y eventos internacionales enfocados en las actividades y deportes al aire libre han mostrado cómo las empresas que apuestan por las economías circulares no sólo han disminuido su impacto ambiental de manera importante, sino además han sido las que han logrado un crecimiento económico considerable. Ser responsable es tendencia, no sólo por contribuir a resolver la problemática ambiental, sino porque es mejor negocio.

A diferencia de otros modelos económicos, donde prima el beneficio monetario por encima de lo social o medioambiental, la circular ha mostrado que resulta mucho más rentable reutilizar los recursos que producirlos desde cero. Existe, de hecho, un movimiento para priorizar el objetivo medioambiental por sobre el económico -o para ponerlo al menos al mismo nivel-, se llama Sistema B (B Corporation).

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The more you know, the less you need. (Mientras más sabes, menos necesitas.) – Yvon Chouinard, fundador de Patagonia

Y tú, ¿sabes de dónde viene lo que consumes? ¿cómo fue producido? ¿cuál será el destino de un producto una vez que te deshagas de él? De acuerdo a un medio, en Europa se utilizan un promedio de 16 toneladas de materiales por persona para la producción de bienes, de los cuales alrededor de 6 toneladas se convierten en residuos.

Como montañistas, tenemos la responsabilidad de no dejar huella. Afortunadamente cada vez son más los amantes de actividades al aire libre, así como las asociaciones y organismos que buscan generar el mínimo impacto en la montaña: volver con la basura que llevamos, no maltratar la flora y la fauna, respetar los senderos marcados, etc; las medidas que tomamos son diversas e importantes. Pero, ¿qué pasaría si nuestra forma consciente de realizar actividades al aire libre la lleváramos aún más lejos?, ¿cómo podría realizarse? Podemos comenzar por elegir productos de las empresas que están apostando por la Economía Circular y, en nuestras vidas, elegir el consumo responsable.

Las siguientes son cinco razones por las cuales los montañistas, quienes amamos la naturaleza y las experiencias que ella nos brinda, apostaríamos por defender, quizá a capa y espada, la Economía Circular.

Mínimo impacto ambiental

Todo el material biodegradable vuelve a la naturaleza y el que no es biodegradable se reutiliza. ¿Generar basura? En la Economía Circular, los desechos que no sean reutilizables se reducen al mínimo.

Reutilizar, reparar y resignificar

En este sistema se busca reintroducir al ciclo económico aquellos productos que típicamente se desechan. Por ejemplo, las empresas aceptan de vuelta prendas de ropa desgastadas con la finalidad de repararlas y ponerlas a la venta nuevamente a un menor costo para quien las necesite. También se resignifica el propósito original de un producto: ¿alguna vez has utilizado una caja de galletas para guardar botones? Eso es Economía Circular.

El uso es prioridad, la posesión es secundaria

En la economía circular el objetivo es que los productos satisfagan la necesidad fundamental por la que existen. Es decir, que escuches música sin necesidad de que poseas el disco, o que te transportes sin que seas dueño de un auto. Es decir, privilegia el uso frente a la posesión, es la venta de un servicio frente a un bien. Así, ese producto puede ser reparado, utilizado muchas más veces, diseñado con el servicio en mente y no la posesión, etc., además de que se necesitan producir menos unidades.

Fuentes renovables

Con los sistemas económicos lineales utilizados hasta ahora, se comienza a vislumbrar el agotamiento de una serie de recursos naturales y de los combustibles fósiles. En la Economía Circular se busca eliminar el uso de energías no renovables para la producción de los productos y generar así el mínimo impacto ambiental posible.

Eco-economía

El impacto ambiental de un producto es considerado desde la producción del mismo hasta el final de su ciclo y desde aquí se toman las decisiones necesarias para determinar cómo se realizará. El diseño, en su origen, piensa primero en la vida sobre el planeta.