Reseña de Marco Antonio Zaragoza: ganar las 200 millas de México

Marco Antonio Zaragoza gana la primera edición de las 200 millas de México, 326km en 73h10min, cruzando la sierra sur de Oaxaca, por selva, playa y bosque.

Marco Antonio Zaragoza, uno de los máximos exponentes de las ultradistancias en México, que ha conseguido imponer récords a nivel internacional, entre ellos los 315 kilómetros de la carrera 48 horas Internacionales Uruguay Natural, o en los 208,93kms en 24 horas en el Mundial de Belfast, en Irlanda, en 2017 y en el Spartathlon, en Grecia en 32hrs 30min, uno de los ultrafondos más duros del mundo, se convirtió en el primer ganador de las 200 millas de México.

Las 200 millas de México trata del primer ultramaratón de su tipo en toda la historia de las carreras del país, en el que los participantes corrieron 326km en un máximo de 90h, cruzando selvas, playas, bosques, pantanos, desde la sierra sur de Oaxaca hasta la costa del Pacífico mexicano, enfrentándose a intensos cambios de temperaturas, lluvia, humedad y neblina.

La siguiente es la reseña de la pluma de Marco Antonio Zaragoza, ganador de la primera edición de esta durísima carrera.

Por: Marco Antonio Zaragoza

Antes de escribir mis patoaventuras me gustaría resaltar que esta edición de las 200 millas de México es un paso histórico en la Ultradistancia para nuestro país, es la primera vez que se hace un 200 millas en México y después de los seis días de Monterrey (realizado en 1997, 2002 y 2004) es la distancia más grande que se ha corrido hasta el momento en México.

Estrictamente hablando, 200 millas corresponden a 321,869km, pero en esta ocasión la organización fijó la distancia en 326km, así que en realidad corrimos 200 millas y un pilón. El límite de tiempo para terminar esta competencia fue de 90h, es decir poco menos de cuatro días. Y antes que nada agradecer a Jorge Abdala y su equipo por la organización de un evento de tal magnitud, hasta el momento sólo alguien como él puede organizar algo así en México…

Pues bien, la cita para la salida fue el pasado jueves 25 de julio a las 0 horas en Zimatlán de Álvarez, Oaxaca. Salimos de la presidencia municipal a la medianoche con algo de lluvia, así que algunos como yo sacamos el impermeable de la mochila; iba con dolor de garganta y no quería arriesgarme de más.

Y antes de continuar tengo que reconocer que la marcación de la ruta me impresionó, estuvo muy bien marcada y sólo en algunos puntos hubo duda, ya sea que hayan quitado alguna marca o se haya borrado, pero en general la marcación estuvo de 10. Recuerdo que en Obispo se generó el famoso grupo puntero con Alex Santiago, Tonatiuh, El flaco y un servidor, Chemo estaba a 20 minutos adelante. Todo transcurrió con normalidad, con mucha lluvia, con los pies mojados, pero en lo que cabe podíamos correr sin tanto problema.

Llegamos a Juchatengo (km 100) por la tarde y ahí alcanzamos a Chemo, comimos una sopa, tomamos mucha agua, yo rematé con un cafecito y continuamos hacia el famoso Juquila. De entrada sabíamos que ese tramo de 40km iba a estar muy duro, pues era un mega “trepón”, aún así calculamos que estaríamos en Juquila a las 10pm, ¡vaya que sí eran altas nuestras expectativas! Como siempre digo, la montaña te pone en tu lugar y esta ocasión no fue la excepción, el grupo puntero junto con Chemo avanzaba difícilmente pues comenzó la noche y con ello la lluvia.

Recuerdo que al llegar a Mesitas el chico del staff nos dijo que ya sólo faltaban 10km para llegar a Juquila, pero esos 10km fueron tremendos, gran parte de ellos en carretera, con neblina, mucho frío y de noche, y después bajar hacia el pueblo por unas escaleras, un verdadero rompepiernas. En esta parte me parece que sí faltó checar el marcaje, para entonces ya nos había alcanzado la campeona Elena Sánchez Moreno y gracias a que ella tenía el mapa en su reloj nos pudimos guiar en esa parte.

Pues bien, para las 3:45am ya estábamos seis corredores en Juquila, todos destrozados, lo único que queríamos era quitarnos los zapatos y cambiarnos la ropa, lo cual era posible pues Juquila era el primer dropp bag de la ruta. Los integrantes del grupo puntero decidimos dormir 3 horas para recuperarnos y darle un poco de descanso a los pies, y así fue.

Elena salió 2 horas antes que nosotros, fue ahí donde entendí que Elena dormiría muy poco durante la carrera y como lo dije antes, eso me obligó a cambiar la estrategia de la competencia. Comimos, bebimos, nos abastecimos porque Jorge Abdala nos comentó que venía la etapa reina en donde habría poco abastecimiento y los cambios de clima son muy drásticos, una etapa de selva además. Y salimos de Juquila rumbo a Río Grande, además de Elena ya habían salido otros tres corredores apostando por ganar terreno a cambio de menos descanso.

Hicimos 2km de subida y después entramos al tramo de camino ancho, serían 70km del mismo camino lleno de “columpios”, de esos caminos que me encantan, como para meter buen ritmo, y así lo hicimos. Aquí fue donde el grupo puntero perdió a su primer soldado, Chemo, que ya venía sufriendo de una lesión en la pierna. Quedábamos Alex, Tona, el flaco y un servidor, le metimos buen ritmo y alcanzamos a Memo y posteriormente a los dos Mauricios, así que ya nos colocamos en grupo de persecución. Ya sólo Elena iba al frente.

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Creo que todos entendimos porqué esta etapa es la etapa reina, es un tramo muy largo con poco abastecimiento, casi sin gente y con varias subidas. Cuando finalmente llegamos a El Camalote respiramos aliviados, ya prácticamente nadie traía líquido, nos abastecimos, comimos una sopa y continuamos. El siguiente punto de referencia fue San José, ese punto de control era la onda, nos dieron de comer hasta reventar, hubo de todo: huevos con frijoles, quesadillas, caldo de pollo, agua de maracuyá, y un largo etcétera. Tenemos que confesar que paramos casi una hora para comer bien, sabíamos que un punto así difícilmente se repetiría. Al salir de San José no podíamos correr de tan llenos que quedamos, tardamos otra hora en volver a retomar el ritmo, pero valió la pena, anímicamente todo iba bien.

Y llegamos a Río Grande, ya eran más de las 10pm. Todos estaban literalmente destruidos, Tona ya no quería saber nada de correr, el flaco comenzaba a caminar chueco y Alex y yo moríamos de sueño. Aquí fue un punto crítico, ¿salir o no a ruta? ¿descansar para recuperarse? ¿o tratar de ganar terreno? La respuesta me la dio Elena, pues hacía poco que había salido de Río Grande con rumbo a Cerro Hermoso, no había de otra, es una competencia y había que luchar, no tuve dudas y salí a ruta, sólo Alex respondió al llamado, Tona prefirió dormir y el flaco descansar para recuperarse. Así que a partir de este momento Alex y yo corrimos juntos. Para este tramo nos acompañó el famoso venado, nuestro pacer de lujo.

El cuerpo es tan maravilloso, es una máquina de correr, recuerdo que minutos antes me moría de sueño, pero al momento de emprender la ruta hacía Cerro Hermoso eso se me olvidó. Corrimos y corrimos hasta que nos encontramos a la peor pesadilla que pude encontrarme en ruta: El Pantano, habíamos llegado al famoso pantano. Si ya íbamos mojados por todas partes, aquí fue el remate, fue como si la ruta nos dijera: aquí se corre mojado o no se corre. Tendré pesadillas con ese pantano sin duda, nuestro pacer encontró una cría de cocodrilo y yo vi serpientes en la ruta, me comí un kilo de mosquitos y en fin, me tomó unos minutos resignarme que había que pasar ese pantano, además ese pantano lo cruzaríamos tres veces en la ruta, ni modo.

Fueron como 2km de agua y más agua, mosquitos y más mosquitos, lodo y más lodo, hasta que nuevamente hubo tierra firme. Y en ese momento vimos unas pequeñas luces que se movían al frente, era Elena y su pacer. Los habíamos alcanzado, después de más de 100km que Elena tomó el liderato. Logramos llegar poco antes que Elena y retomamos el regreso a Río Grande. Y pues sí, nuevamente a cruzar el pantano, lo hicimos y al llegar a Río Grande Alex y yo decidimos dormir una hora, esperar el amanecer y continuar la ruta, ahora hacia la playa.

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Fue la hora de sueño más deliciosa de mi vida. Me desperté, Alex seguía durmiendo, lo desperté y le pregunté si continuaba o se quedaba, como buen ultra respondió que continuaba conmigo, así que salimos, en el camino nos tomamos un atole calientito y comenzamos a correr por un camino muy polvoso hasta llegar a la playa, una playa muy hermosa, pero salvaje, nos tocó ya un calor infernal. Yo sudaba por todas partes; entre caminar y correr pudimos llegar al Cacalote, en donde ya estaba Jorge y su esposa esperándonos con alimentos y líquidos.

Nos quitamos los tenis para sacarles la arena y que los pies reposaran un poco, comimos huevos con papás y mucha agua de Jamaica, nos sentíamos tan bien ahí que el tiempo se nos pasó volando y ¡estuvimos más de una hora! Gran error, pues cuando íbamos de salida llegó Elena, la ventaja que teníamos se estaba perdiendo, salimos y nuevamente retomamos ruta hacia la playa, y aquí es donde más horrible se puso el clima, un calorón y humedad insoportables, por la hora en que estábamos ahí, pasado del mediodía.

Después de 12km de playa cruzamos dos grandes montañas de piedra desde donde se podía admirar la belleza del mar, la playa y el horizonte; daban ganas de quedarse a contemplar un buen rato, pero no teníamos tiempo, había que correr. Comenzamos a internarnos hacia el bosque, hacia allá nos enviaban las marcas de papel fosforescente. Esta ruta se volvió de verdad increíble por toda la variedad de ecosistemas por donde pasamos, es verdad que sólo le faltó un volcán.

En camino a Campechero nos tomamos un buen coco que nos revivió, seguimos por el bosque y llegamos finalmente a Campechero, firmamos, comimos fruta y seguimos. Lo que seguían eran veredas interminables cruzando un gran río, recuerdo que por lo menos cruzamos ese río unas 50 veces, así que correr con los pies mojados y llenos de arena era obligatorio ya. Llegamos a Monte Oscuro, firmamos y continuamos hacía Río Grande, en el camino compramos paletas de hielo y sandwiches de helado para mitigar el hambre y la sed. Finalmente estábamos en Río Grande.

Alex y yo coincidimos que dormir ya no era opción, estábamos en el kilómetro 300 y sólo faltaban 26km, así que sólo nos duchamos, nos tronamos ampollas y continuamos en ruta, había que ir hacia Cerro Hermoso y eso implicaba pasar nuevamente por el pantano, hasta se me quitó el sueño sólo de pensarlo. En el camino compramos unas papas, las comimos y seguimos, nos alcanzó una chica de 100km, ella también terminaba su distancia como nosotros así que decidió acompañarnos, y así fue que los tres partíamos hacía Cerro Hermoso.

Pasamos el pantano, esta vez ya no fue tan horrible, llegamos a Cerro Hermoso y ahí nos dijeron que Elena venía en camino. Ahí fue donde entendí que esta mujer está hecha de otro material, con mucha valentía y determinación venía detrás de nosotros, no venía a terminar la ruta, venía a luchar hasta el último instante.

La organización nos dijo que ya sólo faltaban 5km de ida y otro 5km de regreso por toda la orilla de la playa. Salimos a la playa los tres y los primeros 5km se hicieron interminables, en el retorno encontramos a un chico del staff y regresamos, ¡ya sólo faltaban 5km! y apenas retornando ¡nos cruzamos con Elena y su pacer! Ella estaba a menos de 2km de nosotros, ¡increíble! ¡Qué coraje estaba mostrando!

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Entendí que había que dar el último jalón si quería ganar esta edición de las 200 millas de México, así lo hice y a falta de 2km para terminar Alex se fue quedando, al mirar para atrás yo ya no sabía a quién correspondían las luces que venían atrás. Ante la duda, había que seguir corriendo, corrí, corrí y finalmente llegué con la camioneta de la organización que me indicó el camino hacia el faro, ese faro que indicaba el final de todo, corrí y corrí, y llegué al faro, lo subí y ondee la bandera de finisher: era ya el primer finalista de las 200 millas de Oaxaca después de 73h 10min 14s.

Haber sido el primer campeón de estas 200 millas fue lo de menos. Pasaban de la una de la madrugada y atrás llegaron Alex y posteriormente Elena ¡qué gran competencia! Lo vuelvo a repetir, gracias al coraje de Elena fue que Alex y yo corrimos así, yo tuve que cambiar la estrategia para salir victorioso en esta ocasión.

Está de más decir que al bajar del faro ya no podía ni moverme, difícilmente caminaba, pero el corazón y el espíritu se regocijaban de felicidad. Me quedé a contemplar los rayos de fondo y las estrellas, es verdad en la meta sólo estaba el organizador y un fotógrafo, pero eso no me importaba, yo corro por placer no por los aplausos.

Finalmente ya sólo me queda agradecer a Jorge, a su esposa, a su equipo, el staff, a los corredores y sus familias que nos ofrecieron tanta ayuda, a Mario Meneses por su apoyo en ruta, a mis amigos y a todos los que estuvieron al tanto de las primeras 200 millas de México. La hebilla de estas 200 millas se van a casa y tendrán su merecido rinconcinto.

¡Hasta la victoria siempre!

La ruta de las 200 millas se puede resumir así:
Zimatlán (Salida)
Ayoquezco (km 20)
Obispo (km 42)
Colorada (km 48)
Sola de Vega (km 62)
Pocito (km 76)
Juchatengo (km 100)
Brujas (km 118)
Yolotepec (km 125)
Mesitas (km 129)
Pedimento (km 136)
Juquila (km 139)
El Camalote (km 174)
San José (km 184)
Río Grande (km 212)
Cerro Hermoso (km 228)
Río Grande (1er vuelta de 32 km, km 244)
Cacalote (km 264)
Campechero (km 274)
Monte Oscuro (km 288)
Río Grande (2da vuelta de 56 km, km 300)
Cerro Hermoso (km 316)
Meta (km 326)

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