No solo pasear, sino habitar la montaña: la mirada periférica

Consejos para desarrollar la mirada periférica: una visión que no sólo nos permite contemplar el entorno, sino adentrarnos mejor a la montaña.

En un artículo reciente publicado por Freeman se habló sobre los beneficios de caminar en terrenos irregulares; entre ellos, se gana mayor equilibrio, función física y presión arterial, una mejora significativa del envejecimiento saludable, la independencia y la movilidad, disminuye la preocupación y aumenta la actividad neuronal en la corteza prefrontal subgenual, esa parte del cerebro que se encarga de la planificación y la coordinación de metas personales.

Caminar en terrenos irregulares, por ejemplo, en la montaña, es un ejercicio único porque las superficies son generalmente impredecibles lo que exige una anticipación particularmente desafiante. A medida que movemos el cuerpo rápidamente a través del espacio, el cerebro necesita evaluar una enorme cantidad de información. Lo anterior se lleva a cabo a través de los dos tipos de visiones principales que tenemos como seres humanos: la visión central y la periférica.

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Ahora bien, por los estilos de vida en espacios urbanizados, la visión central es la que tenemos mejor desarrollada. De esta visión se encarga la parte posterior de la retina, conocida como mácula, una capa fotosensible de la retina que presenta altas concentraciones de células fotorreceptoras que detectan la luz y pueden enviar señales al cerebro quien interpreta estas señales en imágenes. Este tipo de visión nos permite ver a detalle formas y colores; se da, por ejemplo, cuando usamos el celular, vemos la televisión, conducimos o cuando vemos el rostro de una persona que está frente a nosotros.

«La ciudad contemporánea es la ciudad del ojo. Sus movimientos rápidos y mecanizados nos alejan de un contacto corporal e íntimo con la ciudad. […] La ciudad obsesivamente funcionalizada se ha convertido en algo demasiado fácilmente legible, demasiado evidente, que no da opción al misterio.»

– Juhani Pallasma, en Habitar

La visión central es muy importante cuando practicamos senderismo, escalada, alpinismo y demás deportes de montaña porque nos permite desplazarnos por el espacio detectando objetos cercanos; posee la mayor agudeza visual y es donde prestamos más atención a los objetos de interés. No obstante, al ser actualmente el tipo de visión que más ejercemos en las ciudades, cuando vamos a la naturaleza muchas veces nos olvidamos de practicar la mirada periférica, misma que nos propicia una experiencia mucho más rica del entorno.

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La visión periférica es la visión lateral del ojo que permite ver objetos a nuestro alrededor, abarcando hasta casi 180º, sin la necesidad de girar la cabeza o mover los ojos. La visión periférica ayuda a ver objetos y escenas que se encuentran fuera de la visión central. Este tipo de visión es el resultado de diferentes células nerviosas y bastones ubicados fuera de la mácula. La visión periférica es débil en los humanos, especialmente al distinguir detalles, colores y formas. Esto se debe a que la densidad de las células receptoras y ganglionares en la retina es mayor en el centro y más baja en los bordes.

No obstante, la visión periférica es un tipo de visión crucial en entornos abruptos, donde el cerebro debe interpretar mucha más información impredecible y a una mayor velocidad; de hecho, es el tipo de visión que necesitamos para desplazarnos en lugares oscuros. Cuanto mayor tengamos desarrollado este tipo de visión mejor será la calidad de la experiencia del mundo que nos rodea.

La visión periférica nos canaliza a «despertar» el resto de sentidos

La mirada periférica nos permite observar los siguientes 2-5m del sendero que recorremos -visión central- y a un mismo tiempo observar el entorno y activar el resto de sentidos. Es una visión que no sólo pone su atención en los pies, sino en el horizonte, por más irregular que sea el terreno. Nos permite anticiparnos al movimiento. La velocidad de reacción será mucho más rápida si la visión periférica está bien desarrollada.

Además, la visión periférica nos canaliza a «despertar» el resto de sentidos; es decir, al enfocar nuestra atención en una mirada que busca observar más allá de lo que nuestros pies se encuentran en el camino, naturalmente abrimos nuestros oídos, olfato y tacto y con ello logramos un verdadero encuentro físico y espacial; más que simples transeúntes, logramos habitar el entorno.

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Por poner un ejemplo, la visión periférica es de suma importancia para los cazadores, quienes no sólo deben enfocar -con la visión central- a su presa, al mismo tiempo deben observar el entorno con el objetivo de protegerse de otros animales u objetos que interfieran su paso.

Bruce Lee no miraba fijamente a sus adversarios y, en cambio, se anticipaba a todos los ataques. Ronaldinho daba extraordinarios pases incluso girando la cabeza al lado contrario de donde se encontraba su compañero, y lo hacía perfecto. En todos estos casos, la mirada periférica juega un papel central.

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Consejos para practicar la visión periférica

Para comenzar a practicar tu visión periférica en la montaña, te aconsejamos realizarlo en un sendero seguro, donde puedes mantener tu mirada dirigida al frente mientras intentas identificar objetos en el terreno, tanto los que encontrarás inmediatamente en el suelo como aquellos que te rodean en todas direcciones.

No obstante, otras formas de desarrollarla es hacer malabares, o bien poner tres objetos separados -a unos 50cm entre cada uno- sobre la pared e intentar ver los tres puntos al mismo tiempo.

A continuación, un video con otros ejercicios para desarrollar la mirada periférica.