Incendios forestales: causas, consecuencias y el calentamiento global

Estudios científicos muestran las causas de los incendios forestales a nivel mundial, su posible predicción y sus consecuencias ecológicas.

Cada año, en todo el mundo, durante las temporadas de sequía aumenta el riesgo de incendios por diversos factores. En el caso de México, en gran parte del país, esta temporada se extiende de enero a mayo. El 75% de la ocurrencia de los incendios forestales, de acuerdo a la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), se presenta de marzo a mayo, la época de mayor sequía y la más calurosa en el país, que coincide con el uso del fuego en las áreas rurales en la ejecución de quemas y con los trabajos de preparación de terrenos agropecuarios.

De acuerdo al informe semanal publicado por la CONAFOR, del día 1 al 11 de abril de este 2019 se presentaron 245 incendios forestales en 23 entidades federativas, afectando un total de 5,156.13 hectáreas (y los incendios continúan).

A diferencia de muchos desastres naturales, la mayoría de los incendios forestales son causados por personas y también pueden ser prevenidos. Según un estudio de marzo de 2017 de las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, en Estados Unidos la gente origina, ya sea accidental o intencionalmente, 84 de cada 100 incendios forestales (fogatas mal apagadas, colillas de cigarro tirados deliberadamente, llantas sobre el pavimento, quema de escombros, mal uso de equipo, entre otros).

En México, las cifras son similares. De acuerdo a una fuente oficial, el 98% de los incendios forestales son causados por actividades que desarrolla el hombre, mientras que tan sólo el 2% son por causas naturales como tormentas eléctricas.

Ahora bien, ¿están aumentando los incendios a nivel global? ¿determina el calentamiento global la probabilidad de que se presenten más incendios? ¿se pueden predecir? ¿qué efectos negativos originan? Los siguientes estudios científicos revelan importantes datos.

Incendios y calentamiento global

Los incendios forestales son naturales, pero la cantidad y la extensión de los incendios que se ven hoy no lo son. Estos incendios son ocasionados por el hombre, o al menos intensificados por él. A nivel mundial, la duración de la temporada de incendios aumentó casi un 19 por ciento entre 1978 y 2013, gracias a las temporadas más largas de clima cálido y seco en una cuarta parte de los bosques del planeta. En el oeste de los Estados Unidos, por ejemplo, la temporada de incendios forestales ha aumentado de cinco meses en la década de 1970 a siete meses en la actualidad.

Pese a que Trump afirme públicamente lo contrario (en su obsesión por convencernos de que el calentamiento global no es provocado por la actividad del hombre), de acuerdo a la Geophysical Research Letters, las olas de calor y los incendios forestales se verán aún más afectados por los cambios en el clima. Un ejemplo clave de esos eventos cíclicos es El Niño–Southern Oscillation (ENSO), un fenómeno relacionado con el calentamiento del Pacífico oriental ecuatorial que provoca cambios en el clima en todo el mundo.

“Si tenemos temperaturas más altas, tenemos una mayor probabilidad de que el fuego comience, se propague y se intensifique. Eso es física básica», dice Stefan Doerr, geógrafo de la Universidad de Swansea en Gales y editor en jefe del International Journal of Wildland Fire

En un estudio realizado por la Escuela de Ciencias y Gestión Ambientales Bren de la UC Santa Bárbara y del Centro Nacional de Investigación Atmosférica, los investigadores realizaron un experimento para entender el comportamiento de los incendios frente al calentamiento global. Para ello, crearon grandes simulaciones climáticas, proyectando un clima futuro habitual (entre ellos el fenómeno del Niño–Southern Oscillation), en el que no se habrían asumido mayores esfuerzos para combatir el cambio climático. 

Estas transformaciones en los patrones de circulación atmosférica (que se originan en el océano con el aumento o la disminución de las temperaturas de la superficie del mar), mostraron que pueden causar cambios en los patrones del viento, la cubierta de nubes, la temperatura atmosférica y las precipitaciones, que luego afectan las condiciones terrestres. Su conclusión fue, entonces, que los eventos de una magnitud dada causarán impactos más grandes en los riesgos de incendios forestales a medida que la Tierra se caliente, empeorando los incendios en áreas que ya los experimentan, y creando condiciones para ellos donde actualmente no son un gran riesgo. 

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¿Predicción de incendios?

Hasta ahora la ciencia no puede predecir dónde ocurrirá un incendio, pero sí cómo se comportará uno existente. De acuerdo a fuentes oficiales, las agencias federales y estatales que administran los incendios forestales de Estados Unidos y otros países, dependen de las matemáticas para hacer su trabajo. Estas agencias utilizan programas informáticos conocidos como modelos de fuego que permiten predecir cómo se propagarán las llamas. También les permiten decidir dónde enviar a los bomberos y el equipo, o cuándo se necesita una evacuación. Pero los modelos no siempre pueden predecir cuándo un incendio se desviará en una nueva dirección o crecerá repentinamente.

Ahora bien, con los avances tecnológicos los investigadores están encontrando mejores formas de predecir los comportamientos de las llamas. No obstante, si los meteorólogos aún no pueden pronosticar incendios forestales, las personas que se encuentran en zonas propensas deben planificar por adelantado y prepararse para evacuar con poca antelación.

¿El futuro?

Los incendios actuales son probablemente más difíciles de combatir que lo que ocurrían en un mundo más frío; la sequía, los vientos cálidos y el aumento de temperatura han propiciado que los incendios cobren más fuerza que nunca. Una vez que estos incendios se propagan lo suficientemente rápido e intensamente, son más difíciles de detener.

Con el calentamiento global, las autoridades tendrán que elegir qué incendio apagar cuando no cuenten con elementos suficientes para mitigar el fuego, deberán destinar más fondos públicos para su prevención y control de incendios, restringir los tipos de siembra y vegetación por zonas, entre otros factores relacionados con políticas públicas. Además, los incendios forestales han empeorado aún más la contaminación del aire; más humo ocasionaría problemas de salud asociados a la neumonía, enfermedades del corazón, entre otras.

Por otra parte, a nivel ecológico, cuanto mayor sea el número de incendios y a medida que los árboles y la vegetación se quemasen, más dióxido de carbono se emitiría a la atmósfera, más químicos ignífugos en nuestro paisaje y cuencas hidrográficas, más venenos como el mercurio se propagarían, así como más partículas negras que oscurecen las capas de hielo del planeta, además de la pérdida de flora y fauna.

Consejos

  • Evitar arrojar materiales encendidos o inflamables.
  • No quemar basura.
  • Al encender una fogata, elegir un sitio alejado de árboles, pastos y hojarasca.
  • Evitar que salten chispas que deriven en un conato de incendio.
  • A su término, apagar por completo las brasas; para ello, cubrir la fogata con tierra o piedras.
  • En época de sequía, evita hacer fogatas.
  • Recoger la basura generada y depositarla en un lugar apropiado.
  • Evitar fumar en bosques o pastizales.

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