A 40 años de Messner sin oxígeno en el Everest: estilo alpino y la era del comercio

En 1978 Reinhold Messner y Peter Habeler llegaron, por primera vez en la historia, a la cima del Everest sin ayuda de oxígeno, abriendo una nueva era para el montañismo y expandiendo la frontera de lo humanamente posible.

Marcando la frontera entre China y Nepal, se levantan los 8,848msnm del Monte Everest, también conocido como el «techo del mundo» por ser, evidentemente, la montaña más alta sobre el planeta Tierra.

Fue en 1922 que la expedición británica de George Finch logró pasar los 8,000msnm por primera vez -alcanzaron los 8,320msnm, no la cima- y con ayuda de oxígeno. Sin embargo, la comunidad montañista no la tomó en cuenta de acuerdo a los estatutos, al considerarla «antideportiva». 

El 29 de mayo de 1953 el sherpa Tenzing Norgay y el neozelandés Edmund Hillary realizaron el primer ascenso oficial a la cima del Everest por la arista del sureste, con el apoyo de un equipo de 40 personas, entre ellas sherpas y montañistas, quienes ayudaron a acondicionar la montaña con lo necesario. Ese día los ingleses, quienes habían perseguido más tenazmente la conquista del colosal, verían recompensados sus esfuerzos.

No obstante, después de décadas en las que el hombre consideró imposible llegar a la cima de este colosal sin ayuda de oxígeno, en 1978 Reinhold Messner y Peter Habeler lo consiguieron. Ahora bien, en 1980, y tras haber sido acusado de apoyarse con uso de oxígeno, Messner vuelve a encumbrar la montaña en solitario, sin cualquier tipo de apoyo técnico preestablecido, ni oxígeno y por la ruta noroeste -considerablemente más difícil-. 

A 40 años del ascenso citado, el propio Habeler comparte el video de lo que fuera la primer cumbre al Everest sin oxígeno suplementario (en inglés):

Estilo alpino, en contraste radical con estilo expedición (o comercial)

En montañismo, el «estilo» hace referencia, fundamentalmente, al grado de dependencia del montañista a medios propios o ajenos (contratados) para completar el objetivo, así como a la velocidad del ascenso.
 
El estilo alpino es considerada la forma más pura de hacer montañismo al ser autosuficiente y dejar el menor rastro posible. En este estilo es el mismo montañista quien carga su comida, tienda y equipo, a la vez que hace sus propios estudios de clima y condiciones, es responsable de tomar las decisiones, y asume su propio riesgo. El estilo alpino, así, es veloz, limpio tanto en el sentido estético como ambiental, y demanda del atleta un compromiso físico y mental proporcional a sus objetivos.
 
El estilo alpino contrasta con el estilo «expedición», con frecuencia llamado también «comercial» al ser el empleado para llevar cientos de clientes a las cumbres cada año. El estilo expedición involucra la colocación de cuerdas fijas por parte de trabajadores de la montaña contratados para asumir el riesgo que dicha función implica. Asimismo, el cliente delega el estudio, toma de decisiones, conocimientos de montaña y carga de equipo de abasto a sus proveedores, incluyendo, por supuesto, tanques de oxígeno suplementario, el cual es utilizado en grandes cantidades mediante el estilo expedición, y rechazado por el estilo alpino.
 
Dado lo anterior, generalmente se considera preferible el estilo alpino cuando se buscan objetivos deportivos, mientras que el estilo expedición es principalmente utilizado por aquellos con pretensiones comerciales, compromisos publicitarios, aspiraciones de titulares noticiosos, o simple experiencia personal y con una disminución notable del riesgo inherente a la práctica del montañismo.
 
Así, en estilo expedición, el individuo paga con recursos económicos para que alguien más asuma el riesgo, esfuerzo, conocimientos y decisiones de un ascenso determinado. Esto ha provocado, en años recientes, saturación de montañas, grandes récords de cumbres, y polémicas relacionadas a la compensación y reconocimiento de sherpas, contaminación de las montañas, confusión mediática al asignar créditos deportivos a logros comerciales, etc.
 
Ya en 2011 Juan Vallejo, reconocido alpinista español, escribiría su texto «La pureza del alpinismo o el circo de la montaña«, publicado por el diario El País, en relación a las diferencias de ambos estilos.
 
Al momento, sin embargo, ningún método de ascenso elimina por completo el riesgo y exigencia física, por lo que un cliente de expedición comercial no deja de tener mérito, aunque el que tiene, desde luego, no podría corresponder al mismo ámbito de quien logra la misma cumbre en estilo alpino.

Controversia en torno al uso de oxígeno

A partir de que fuera un hecho que el hombre podía llegar a la cima del Everest sin usar oxígeno, la controversia respecto a su uso se intensificó. A través de los años, las posturas han sido fundamentalmente dos: si el alpinista asciende sin oxígeno, mayor es su alcance deportivo; por otra parte, cuanto mejor se acondicione la montaña a nivel técnico, más personas podrán observar la Tierra desde el punto más alto. 

Hasta hoy en día el 95% de los escaladores que alcanzan la cumbre del Everest usan oxígeno embotellado para poder llegar a la cima, mientras que sólo el 5% de los alpinistas han hecho cumbre sin usar oxígeno suplementario.

De acuerdo a varios defensores del estilo alpino, como Jon Krakauer y el propio Messner, las expediciones comerciales han incrementado potencialmente con el tiempo y el uso de oxígeno embotellado permite intentar la ascensión a escaladores poco cualificados. Esto ha implicado una masificación de la montaña que no sólo se ha traducido en un problema ambiental -por la cantidad de basura abandonada en ella, incluidas las botellas-, sino también de seguridad -más muertes-. 

-Sigue leyendo sobre el Everest y sus problemas medioambientales aquí-

El propio Messner se expresó respecto a las expediciones comerciales y el uso de oxígeno con las siguientes palabras:

 «Podrías morir en cada escalada y eso significaba que eras responsable de ti mismo. Éramos montañeros reales: cuidadosos, conscientes e incluso temerosos. Al escalar montañas no estábamos aprendiendo cuan grandes éramos. Estábamos descubriendo lo frágiles, débiles y temerosos que somos. Sólo puedes descubrir esto si te expones a un peligro muy alto. Siempre he dicho que una montaña sin peligros no es una montaña… El montañismo de altura se ha convertido en un show turístico. Esos viajes comerciales al Everest siguen siendo peligrosos. Pero los guías y los exploradores y organizadores le dicen a los clientes ‘no se preocupen, todo está organizado’. La ruta es preparada por cientos de sherpas. Hay oxígeno adicional en todos los campamentos de camino a la cima. Hay gente que cocinará los alimentos y hará las camas. Los clientes se sienten seguros y no se preocupan por los riesgos.» – Reinhold Messner

Ahora bien, de acuerdo a National Geographic la tasa de hipoxia cerebral y de mortalidad es del doble para aquellos que intentan alcanzar la cumbre sin la ayuda del oxígeno embotellado. Por lo que muchos alpinistas proponen, a modo de solución, que el uso de oxígeno sea un auxiliar en casos de emergencia para alpinistas experimentados, limitando y controlando, a su vez, el acceso a expediciones comerciales.

Finalmente, lo que es evidente es que, para que exista la posibilidad de que una persona llegue a la cumbre del Everest sin estar necesariamente altamente experimentada, y a través de la contratación de una expedición comercial -de acuerdo a What it Costs se paga entre $70,000 y $100,000 dólares-, es imprescindible que otras personas -generalmente portadores de montaña o sherpas-, pongan en peligro sus vidas cargando el equipo y acondicionando la montaña -fijando cuerdas, preparando los campamentos, alimentos y demás necesidades del contratista-.

Para algunos el estilo y la aventura es lo que cuenta, es decir, los medios usados para llegar a la cumbre son los que le otorgan valor a la cima; para otros, en cambio, de lo que se trata es de llegar a la meta, más allá o, independientemente del camino andando.

La pregunta que resulta del tema ha sido siempre: ¿qué es más importante, el camino o la meta, el cómo o el qué?