Silbidos y cantos: el lenguaje de las montañas

En las regiones más remotas de cada continente podemos escuchar el lenguaje silbado, una peculiar forma de comunicación que está relacionada con la montaña.

Habrás oído sobre el lenguaje silbado, se trata de una forma de comunicación melodiosa que algunas culturas han dominado profundamente bien, como los habitantes de la selva de Perú, la Isla Gomera en Canarias, los mazatecos en México, o los Hmong en los Himalayas, entre otros. 

Estos grupos han desarrollado el lenguaje con silbidos de maneras tan específicas que pueden incluso mantener conversaciones desde puntos distantes -incluso con 5km de distancia-. 

El lenguaje silbado ha fungido como una vía de resistencia ante conquistas, como es el caso del Silbo Gomero, en las Canarias, creado por los primeros habitantes de la isla, los aborígenes canarios, quienes luego adaptaron el silbo al idioma castellano. Por su trascendencia histórica, incluso fue inscrito por la Unesco en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Hoy en día, Isidro Ortiz Muñoz ha impartido clases de este silbido en escuelas de la isla.

En sentido estricto no se trata de lenguajes, pero sí de formas de comunicación idóneos para terrenos abruptos, con poca población y ruido. Dependiendo la comunidad, para realizar el silbido se utiliza solamente la lengua enrollada, pero en ocasiones, como los mazatecos mexicanos, se apoyan en hojas de árbol para dar otras entonaciones.

Al sur de México, en las remotas montañas del noroeste del Estado de Oaxaca, los habitantes de las barrancas han usado lenguajes tonales para comunicarse a través de la distancia. 

El silbado es un canto, una melodía cargada de significados que han facilitado a las culturas llevar a cabo sus labores diarios. ¿Está lista la milpa? ¿dónde estás? ¿vas a venir? ¿encontraste tu caballo? ¿cómo puedo llegar a determinado lugar? 

La necesidad de comunicarse traspasando las fronteras espaciales, rodeados de entornos naturales, a través de las montañas, llevó a dichas comunidades -quizá bajo la inspiración de los pájaros- a la creación de esta forma de comunicación. 

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En este caso, no son los labios los que articulan, sino la ondulación de la lengua la que, junto con la emisión del sonido, genera ciertas entonaciones cargadas de significados. 

De acuerdo al estudio que presentó un medio, existen por lo menos 70 pueblos que utilizan el silbido como forma de comunicación alrededor del mundo. Los Hmong, una etnia que vive en las laderas de los Himalayas, usan los silbidos no sólo entre agricultores y cazadores, sino también como cortejo que generalmente inician los hombres.

Uno de los aspectos más interesantes del lenguaje silbado es el descubrimiento que se hizo a nivel cerebral. En 1878 el neurólogo británico John Hughlings Jackson, describió el hemisferio izquierdo como el centro de la facultad de expresión, es decir, el que se ocupa del lenguaje (habla, escritura, numeración, matemático, etc.).

Sin embargo, recientemente los estudios del neurocientífico Onur Gunturkun, de la Universidad Ruhr de Bochum, Alemania, demostraron que en el caso del lenguaje silbado, son los dos hemisferios los que se usan para descifrar el mensaje recibido.  

Esto acerca el silbado al lenguaje musical -donde también se ven implicados los dos hemisferios-, esa forma de comunicación universal y que ha acompañado al hombre desde los principios del tiempo. 

Si pudiéramos resaltar una coincidencia entre los grupos o comunidades que usan el lenguaje silbado -europeos, africanos, asiáticos, sudamericanos o americanos- es que lo han desarrollado para comunicarse al aire libre, con grandes distancias de por medio. 

El silbido, como forma cultural expresiva, presente en diversas regiones del planeta y que hoy en día lucha por no desaparecer, nos hace pensar si éste es el lenguaje idóneo para comunicarnos en las montañas. 

No por nada se cree que el origen del lenguaje silbado está estrechamente relacionado con la geografía de los lugares: en topografías excepcionalmente abruptas, regiones montañosas, entre nubes y grandes planicies, así como con las actividades más antiguas del hombre: la caza, la recolección y la agricultura.

Finalmente, con el lenguaje silbado se pueden establecer conversaciones de monte a monte; ahí donde el lenguaje verbal encuentra sus límites.