Foto: Santiago de Alba, cortesía de Quetzali Galindo

Quetzali Galindo encadena Bell Tunich (5.13d) en Jilotepec

«Voy a encadenar Bell Tunich el 20 de enero»: Quetzali Galindo un día antes de ascender su viejo proyecto en Jilotepec, el día que se lo propuso.

Quetzali Galindo es, hoy por hoy, una de las mejores escaladoras de México. Con un buen número de 5.13s, “Kraken VS M&M” su primer 5.13d/14a, Quetzali ha logrado posicionarse dentro del top del país. 

El pasado 20 de enero, «Quetza» sumó a su larga lista de logros deportivos el encadene de Bell Tunich 5.13d, ruta ubicada en la zona de Jilotepec, que vio su primer ascenso femenino por Nina Caprez en el Petzl Roc Trip Mexico 2010.

Galindo probó la ruta a finales del 2016 y principios de 2017. Luego la abandonó a finales del 2017, retomándola y volviendo a retomar a finales del 2018.

Tras una racha de lesiones, malestares físicos, terapias, trabajo interno y mucha dedicación, Quetzali logra llegar a las cadenas de su proyecto. La siguiente es una reseña sobre el encadene, narrado por la escaladora.

Por: Quetzali Galindo

Aún no me la creo de que encadené mi tarea pendiente. Básicamente fue tanto el tiempo que me hizo esperar, no forzosamente la ruta en sí, sino un estado de salud que no quería aceptar. Me resistí tanto a saberme lesionada, que si bien este logro es de un grado que ya he hecho antes, no obstante significa más. Encadenar Bell Tunich es haber entendido, sanado y aprendido tantas cosas. Entender que todo pasa por algo, y que nosotros a veces somos los que nos provocamos malas rachas.

Desde un par de fines anteriores empecé a sentirme fuerte y me di cuenta de que pronto podía llegar el encadene. Llegué otra vez a mi highpoint, lo que me motivó mucho, era el punto al que había escalado antes de las lesiones. Entonces me di cuenta que presionarme porque me tenía que salir, no iba a funcionar. Intenté relajarme, vivir el presente, el día a día.

El sábado 19 de enero fuimos a Jilotepec; me sentí muy fuerte, había sentido ese nervio porque sabes que puedes escalar la ruta pronto, eso te crea expectativas, e incluso en algunos casos puede ser peor. Escalé un poco imprecisa en ciertos pasos. Acabó el día y pensé, si no fue hoy sábado no pasa nada, el tiempo dirá cuándo.

Más tarde en la noche, meditando, llegué a una conclusión: «¿por qué no ponerme una fecha para encadenar la ruta?». Lo decidí: «mañana domingo 20 de enero voy a hacerla». Uno puede decretar y hacer las cosas reales. De todos modos, si no pasaba, habría otros fines.

El domingo, calentando me sentía bien, nada fuera de lo normal. Llevo unos meses con esta falta de aire, como cierta alergia que suele aparecer en la tarde, a las 3pm; esa es la hora a la que solemos darle al proyecto. Me tomé mi medicina para que no hubiera nada que me saboteara el pegue. Todavía al comenzar la ruta me faltaba aire.

Con las gatas ya puestas me repetí: «puede ser hoy». Mientras comencé la ruta, esa falta de aire empezó a disminuir, me sentí fuerte. Empecé a escalar intentando estar muy presente, trabajando con mi mente, sintiendo mi fuerza, pensándome ahí, merecedora de algo que he perseguido durante mucho tiempo.

Al inicio de la ruta hay un paso morfológico que me cuesta, no es el crux pero sí me ha tirado. Pero si bien estuve a punto de caerme, me convencí de que lo podía lograr. Esa es la clave en este deporte, convencerte de que sí puedes.

Iba fuerte, pasé otro crux que me había tirado últimamente de un paso muy largo. Me quedé en el agarre, continué trabajando mi mente, proponiéndome llegar a la siguiente cinta. Antes de la última parte en el crux, me cayó el veinte de que era real, si uno lo quiere, lo puede. Me recuperé muy rápido en el descanso, pasé mi highpoint y sentí una fuerza interior grande, simplemente me relajé, sabía que iba a cumplir mi objetivo.

Quetzali Galindo, minutos después del encadene a Bell Tunich

Llegué a la reunión, me disfruté, me quedé tranquila, sin chapar, quería captar ese momento, me di chance de sentir el momento. Cuando pedí que Javi me tensara, me inundó una profunda alegría por haber logrado mi objetivo, por sanar mis síntomas, mis obsesiones por conseguir cosas.

Tuve lesiones durante poco más de un año. El diagnóstico fue artritis infecciosa, pero sin duda, era un síntoma iniciado por cuestiones psicosomáticas. Creo que todo esto lo viví porque la vida quería enseñarme algo.

Esa sensación de lograrlo, de superar ese mal paso de salud, fue lo que más me llenó el corazón. Verme en lo más alto de la ruta y saber que yo mismo me puedo tirar o levantar, sanar o enfermar. Lo hice, es real. Una noche antes me convencí de que al día siguiente la iba a encadenar y me desperté pensando que ese día la iba a encadenar.

Bajando de la ruta, llorando, Adiz me abrazó y me dijo «te lo merecías», Santiago de Alba me lo dijo: «te lo merecías». Javier vivió todo este proceso y él siempre estuvo ahí presente para apoyarme, consentirme, pero también para decirme verdades y empujarme a salir de mi zona de confort. Le agradezco tanto, porque sé que todo el proceso no sólo fue difícil para mi, sino para el también y sin embargo siempre estuvo ahí.

Estoy muy agradecida con toda la gente que me ha motivado. La energía la hice propia y pues sí, también gracias a mi, me di la oportunidad.

Saber que puedes fallar en donde siempre es duro para el ego, pero también hay que aplastar el ego y recordar que no todos son resultados, rutas y grados, los logros van más allá, los aprendizajes van más allá. El conjunto de todo esto hace que Bell Tunich sea tan especial.

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