Montaña y escalada: utopías que marcan un rumbo al horizonte

La utopía, como el montañismo, sirven para caminar. Cuatro razones que muestran cómo la escalada y el montañismo se asemejan mucho al pensamiento utópico.

«La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.» – FERNANDO BIRRI

Del griego: “u” no; “topos”: lugar; «utopía» significa: lugar que no se encuentra en ninguna parte. La palabra fue difundida después de la aparición del célebre libro de Thomas Moro, “Utopía”, que describe la sociedad ideal de una isla imaginaria.

Generalmente la palabra utopía es usada para hablar en términos políticos de una sociedad perfecta. De hecho, la obra de Moro, escrita aproximadamente en el 1516, narra una sociedad donde todos los ciudadanos viven en casas idénticas y la propiedad de los bienes es comunitaria. Allí, los habitantes dedicaban su tiempo libre a la lectura y el arte.

Finalmente, la palabra ha tomado una importancia fundamental en diversos discursos; para hablar de proyectos, acciones futuras, planes o doctrinas que, en un primer momento, parecen ser imposible de concretar o cumplir. Incluso la utopía puede entenderse de manera despectiva: como algo inalcanzable, idealista y paradisiaco.

Pero volvamos a la frase del inicio de esta nota, atribuida al escritor uruguayo Eduardo Galeano por equivocación, y que define de manera poética qué es la utopía: «un lugar que se aleja pero que sirve para caminar», ¿a caso la esencia del montañismo no es utópica?

Escalar es proponerse utopías

Montañistas y escaladores se proponen ascender rutas y llegar a cumbres. Realizarlo es superar límites físicos y mentales. En el proceso, el horizonte (la reunión de una ruta o una cima) se presenta como un punto fijo al que se quiere llegar. Comienza el proceso de asimilar y aprender a andar el camino, dar pasos precisos para llegar a la meta, pero el horizonte se aleja y el cansancio se hace presente. Antes de rendirse, el montañista o escalador da otro paso, pero el agotamiento se apodera de él, el horizonte parece alejarse. Entonces vuelve y lo intenta, una y otra vez.

¿Por qué el escalador es una persona utópica? Porque sabe que en el montañismo y la escalada proponerse retos en el horizonte es, además de una forma de obtener logros deportivos, marcas o récords, mantenerse de pie y caminando.

Encadenar y encumbrar es buscar nuevos horizontes

Encadenar o llegar a una cumbre es establecer un objetivo que, cuanta mayor dificultad le presente, más dedicación le exigirá. Entonces, trabaja la ruta, entrena y ensaya las líneas que tendrá que resolver para encadenar o encumbrar la montaña. Va caminando y el horizonte parece alejarse.

No importa el grado o la dificultad, la motivación es la misma: lograr un proyecto. Finalmente, después de caminar hasta alcanzar su objetivo, el escalador y el montañista disfrutan haber llegado a la cumbre para, unos minutos después, darse cuenta que el horizonte se ha alejado aún más y la utopía ya se encuentra en un nuevo lugar, un nuevo proyecto.

El montañismo es una forma de caminar

El montañista y escalador pocas veces se pregunta para qué sirve la utopía, esto es, para qué sirve soñar e imaginar que puede alcanzar una cima o un proyecto, porque quizá no encuentre una respuesta objetiva. Más allá de su propia superación, del placer y la felicidad de lograr su objetivo, sabe que pronto la utopía se moverá a un nuevo proyecto.

Pero el montañista es utópico: buscará ese nuevo proyecto, caminará, porque reconoce que soñar no sólo es posible, sino necesario, porque sabe que si desea producir un resultado irrazonable en su vida, como vivir su sueño y hacerse cargo de su destino, tiene que ser una persona irrazonable, utópica.

El montañismo es una práctica utópica

Montañistas y escaladores saben que aún cuando sus objetivos son difíciles, vale la pena intentarlo, porque si bien parece que la historia ya está escrita, también y al mismo tiempo se sigue escribiendo por gente con imaginación, por personas utópicas. El miedo más intenso del montañista no es ser inadecuado (para los ojos de la sociedad), sino de ser poderoso más allá de toda medida.

«Qué tal si deliramos por un ratito
qué tal si clavamos los ojos más allá de la infamia
para  adivinar otro mundo posible.» — EDUARDO GALEANO «UTOPÍA» LEE EL POEMA COMPLETO AQUÍ