Enrique «Kike» González Ceballos, semblanza y encomio

Agradecimientos a Fernando Varela por el apoyo para la realización de la nota.

Manuel Enrique González Ceballos falleció, al lado de Daniel Araiza, el pasado 18 de julio en el descenso del Nevado Artesonraju en los Andes Peruanos.

Esta es una pequeña semblanza sobre «Kike», como se le llamaba de cariño, así como algunos pensamientos de sus amigos más cercanos.

Manuel Enrique González Ceballos, joven promesa del alpinismo mexicano, comenzaba a dedicar su vida a la montaña de manera apasionada

Semblanza

De madre sonorense y padre sinaloense, Manuel Enrique González Ceballos nació en Guadalajara un 18 de enero de 1994. Con apenas 24 años, y una trayectoria joven en la montaña, deja un legado de metas, deseos y risas para la comunidad montañista mexicana.

Rockero y vago de nacimiento, aventurero por convicción, Kike se acercó a la montaña con humildad, deseo y, sobre todo, alegría. Su pasión por el montañismo y la naturaleza inician al integrarse al Club Alpino del Instituto de Ciencias (CAIC). Grupo con el cual ascendería numerosos cerros jaliscienses y, por supuesto, el Iztaccíhuatl y el Pico de Orizaba.

Con actitud relajada y convencido de su pasión, rápidamente se consolidó como un auténtico experto en logística de montaña. Fue Gerente de Operaciones de Summit Pro -la empresa guía de montaña que Daniel Araiza abre junto a amigos- labor que para Kike parecía sencilla; desde su entrada coordinó expediciones a las montañas mexicanas cada fin de semana.

Fue productor de Tépetl, el documental, donde organizó abastecimientos y toda la logística de movimiento para el equipo de grabación mientras se rodó en el Iztaccíhuatl. Cuerpo y alma de cualquier empresa de montaña, prefirió ser staff en los ultra maratones que participar en ellos. Él, integrante natural de la estirpe de corazones de montaña que prefieren el estilo por sobre el logro, brillaba más estando fuera de cámara, que la luminaria artificial más publicitada.

De curriculum alpino apenas iniciado, su capacidad física y madurez mental eran envidiables. Tenía un gran corazón, preocupado y dispuesto constantemente por ayudar a los demás. Se caracterizó por contagiar alegría y calma en todo momento, incluso en las situaciones adversas de frío, dolor de pies y dolor de cabeza. En el último semestre viajó a Potrero Chico para perfeccionar su técnica. Quería estar lo mejor preparado para su primer expedición a la Cordillera Blanca y los siguientes retos que vendrían.

A sus 24 años de edad ya pertenecía a Línea Directa, el Colectivo de alpinistas altamente experimentados y apasionados por la práctica del alpinismo en México y que ha dejado una larga trayectoria en la historia de este deporte en el país. 

Su carrera como montañista apenas comenzaba y poseía de una gran motivación y deseo de seguir creciendo, no solamente por una cuestión personal, Kike mostraba una clara preocupación por la comunidad de montaña mexicana. Su vida fue un motor de motivación para muchos que se inician en el montañismo, así como un ejemplo de humildad, dedicación, nobleza y alegría.

De mirada ecuánime, sonrisa incondicional y actitud positiva, «Kike» era de esas personas que, a su corta edad, ya vislumbran un futuro apasionante y entregado a las montañas.

Encomio a Manuel Enrique González Ceballos

(1994 – 2018)

Santiago Varela:

«Empezó una amistad cuando escalamos nuestro primer reto, logramos subir a la azotea estando en preescolar. Después de unos años conocimos la aventura del rapel en alguna excursión que tuvimos con el CAIC. Nuestra primaria estuvo llena de aventuras. Practicábamos rapel desde la azotea con equipo improvisado.

En secundaria comenzó el amor al cerro, el aprecio al dolor de los pasos en Cerro Viejo y a las noches heladas en el Nevado de Colima. Luego coincidimos en la mujer dormida donde realmente uno se enamora de la montaña. Yo me distancié un poco de la montaña, pero Kike siguió y creció como montañista, alpinista, guía, compañero, cocinero pero, sobre todo, en un experto en generar alegría en momentos en que la gente sufría de frío, dolor de pies y de cabeza.

Disfrutamos muchos momentos en la montaña, momentos estáticos, que se quedan en esos silencios, cuando el sol bajaba y nosotros, hombro con hombro, contemplábamos la inmensidad y la belleza que acogía al mundo. Aquel silencio sigue, y continúa siendo amigable. Ahora formas parte de esa inmensidad y me siento feliz, pues sé dónde encontrarte, en la montaña.»

Zarza:

«En muy poco tiempo te convertiste en una pieza fundamental de mi vida tanto profesional como espiritual.

Me tocó vivir una etapa de tu vida muy importante, en la que resolviste dudas y tocaste el corazón de muchísimas personas. Ver tan de cerca cómo creció tu amor a la montaña fue especial. Trabajar junto a ti era estar rodeada de ti, porque así eras, abrazabas con tu presencia. Ver cómo hacías todo con un gusto y disposición inconmensurables es una gran lección para todos. Fuiste un sí incondicional. Mi «saca de apuros».

Es increíble como en tan poco tiempo se puede amar tanto a alguien. Cada llamada o mensaje tuyo me alegraba el día. Cuando regresabas de guiar, recibía comentarios increíbles sobre ti. Tanta gente agradecida contigo por llevarlos de la mano a cumplir sus sueños.

Hoy eres una parte irremplazable de mi corazón. Nos dejas una responsabilidad de vivir a lo grande la vida.

De ti, me quedo con tu solidaridad, tu compasión enorme, tu sonrisa, tus abrazos, pero sobretodo tu ejemplo. Estoy convencida de que nos volveremos a encontrar allá en la cumbre más hermosa que pudiste alcanzar. Gracias infinitas. Te amo para siempre, amigo.»

Erick Reyes:

«Desde que te conocí en el CAIC fuiste una persona que me contagió de una alegría que no muchas personas tienen. Después de unos años nos volvimos a encontrar en Canadá y me di cuenta que eres de esas personas que con una sola sonrisa te pueden cambiar el día.

Platicador, alegre, entusiasta y lleno de energía, no podría encontrar mejores palabras para describir la gran persona que fuiste para mi. Me duele bastante saber que no podré volver a verte, me harás falta. Sin duda hemos perdido a un gran amigo que nadie podrá reemplazar.
Gran amigo y hermano, siempre me acordaré de ti y sabes que te queremos muchísimo. Que felicidad haber compartido un pedazo de esta vida.»

Fernando Varela:

«Lo escucharemos en el viento, lo sentiremos en el frío, y lo veremos en la blancura de la nieve. En la montaña queda su alma y sabemos que será eternamente feliz en aquel lugar en el que tanto amaba estar.

Gracias Kike por ser lo que fuiste y llenarnos de amor y alegría a toda la comunidad montañista de Mexico.»