1 de abril de 2026. Cuatro personas abordan una cápsula llamada Integrity en Cabo Cañaveral. Esta noche partirán más lejos de la Tierra de lo que ningún ser humano ha llegado en 54 años. No van a aterrizar en la Luna. Pero lo que ocurre hoy importa de todas formas, el programa Artemis nos regresa a la Luna.
El 14 de diciembre de 1972, el comandante Gene Cernan subió la escalerilla del módulo lunar desde la superficie de la Luna. Antes de hacerlo, grabó en el suelo las iniciales de su hija Tracy. Luego habló: "Dejamos la Luna como llegamos, y, Dios mediante, como volveremos: con paz y esperanza para toda la humanidad." Tenía 38 años. Murió en 2017 sin ver el regreso que prometió.
Hoy, 54 años después, la NASA intenta cumplir esa promesa. No con un alunizaje —eso viene después— sino con algo más modesto y más necesario: demostrar que la infraestructura existe, que los sistemas funcionan con humanos a bordo, que el camino de regreso a la Luna es técnicamente real. Artemis II es eso: una misión de verificación con consecuencias históricas.
Lo que hace grande a esta tarde no es la distancia que van a recorrer, aunque la distancia sea récord. Es que vuelven a salir.
I. El programa que los trajo aquí
Apollo no nació del espíritu explorador. Nació del miedo.
En mayo de 1961, Kennedy prometió ante el Congreso que los Estados Unidos llegarían a la Luna antes de que terminara la década. Lo hizo tres semanas después de que Alan Shepard completara un vuelo suborbital de 15 minutos —el primer estadounidense en el espacio, aunque Yuri Gagarin ya había orbitado la Tierra un mes antes. La Unión Soviética iba adelante. La apuesta de Kennedy era geopolítica, no científica. El combustible era la Guerra Fría.
Lo que produjo ese combustible es otra cosa. Doce astronautas que caminaron sobre la superficie lunar entre 1969 y 1972. 382 kilogramos de roca traídos de vuelta a la Tierra. Y la fotografía de la Tierra vista desde el espacio —pequeña, azul, sola en la oscuridad— que cambió la manera en que los seres humanos se ven a sí mismos. Ese espejo costó lo que cuesta la guerra: la NASA llegó a consumir más del cuatro por ciento del presupuesto federal estadounidense en los años de Apollo. Era exploración financiada con urgencia armamentista. Las dos cosas son verdad al mismo tiempo.
Después de Cernan, la cuenta se detuvo. El fin de la rivalidad espacial redujo la urgencia política. El presupuesto de la NASA fue recortado año tras año. Los transbordadores espaciales consumieron décadas de atención. Vinieron Challenger en 1986, Columbia en 2003. La Luna dejó de ser destino activo y se convirtió en referencia histórica.
Después vinieron Nixon, Carter, Reagan, Bush, Clinton, Bush, Obama, Trump, Biden, Trump otra vez. Y la Luna siguió esperando.
II. De Apollo a Artemis: lo que cambia en el nombre
En la mitología griega, Artemisa es la hermana gemela de Apolo. Diosa de la Luna, la naturaleza y la caza. La NASA no eligió ese nombre por azar: es una declaración sobre qué tipo de programa quiere ser este.
Apollo evocaba la conquista —el primer contacto, la bandera plantada, el regreso. Era la lógica del explorador que summit y vuelve. Artemis apunta a algo distinto: presencia sostenida, base de operaciones, permanencia. La diferencia no es semántica. Apollo fue diseñado para ganar una carrera. Artemis está diseñado para quedarse.
La otra diferencia es quién va. Los doce hombres que caminaron sobre la Luna durante Apollo eran todos blancos, casi todos militares, todos estadounidenses. Eso no fue una casualidad —fue el reflejo de quién tenía acceso a ese tipo de decisiones en los Estados Unidos de los años sesenta. Artemis lleva escrita la intención de que eso sea diferente. La tripulación de Artemis II es la primera prueba concreta de esa intención, con todo lo que implica: lo que logra y lo que todavía no resuelve.
III. Cuatro personas, cuatro primeras veces
Esta mañana, los cuatro astronautas caminaron desde el Edificio Neil Armstrong hacia los vehículos de transporte siguiendo la tradición que la NASA mantiene desde Apollo 7 en 1968. Antes de entrar a la cápsula, firmaron sus nombres en la pared de la Sala Blanca —el cuarto presurizado al final del brazo de acceso a la nave, donde los astronautas hacen sus preparaciones finales desde los días del programa Gemini. Sus firmas quedan ahí.
Reid Wiseman, 50 años, es el comandante. Piloto de pruebas naval, ex jefe de la Oficina de Astronautas de la NASA, 165 días en la Estación Espacial Internacional. A finales de marzo le dijo a los medios: "Los cuatro estamos listos. El equipo está listo. La nave está lista." Si la misión procede según lo planeado, Wiseman se convertirá en la persona de mayor edad en alcanzar el entorno lunar, superando los 47 años de Alan Shepard en Apollo 14.
Victor Glover, 49, es el piloto. Capitán de la Armada, más de 3,500 horas de vuelo en más de 40 aeronaves, 400 aterrizajes en portaaviones, 24 misiones de combate. Fue el primer astronauta afroamericano en completar una estancia de larga duración en la ISS. Con Artemis II se convierte en la primera persona de color en viajar más allá de la órbita terrestre baja —un hito que, para ser exactos, debería haber ocurrido hace décadas. Cuando le dieron la asignación, estaba atravesando un momento difícil. Reunió a su familia para contarles: "Cuando les dije, estallaron: ¡vamos! Casi lloro ahí mismo. Lo necesitaba y no sabía que lo necesitaba."
Christina Koch, 47, es especialista de misión. Ingeniera eléctrica. Pasó inviernos completos en la estación Amundsen-Scott en el Polo Sur antes de ser astronauta, y trabajó en Antártida y Groenlandia. De los cuatro, es la que más directamente conecta la exploración terrestre con la espacial: ya sabe lo que significa estar muy lejos de todo, en condiciones extremas, dependiendo de sistemas que no pueden fallar. Sostiene el récord de la estancia individual más larga de una mujer en el espacio: 328 días consecutivos en la ISS entre 2019 y 2020. Participó en la primera caminata espacial enteramente femenina. Con Artemis II se convierte en la primera mujer en alcanzar el entorno lunar. Su cuerpo —el primero de una mujer expuesto a esas condiciones con monitoreo científico moderno— también viaja como instrumento: lo que aprendan los médicos podría definir el futuro de la participación femenina en exploración de largo alcance. Lleva consigo notas escritas a mano por sus seres queridos. "Puedo sostener en mis manos algo que ellos sostuvieron en las suyas."
Jeremy Hansen, 49, es especialista de misión de la Agencia Espacial Canadiense. Empezó en aviación a los 12 años, obtuvo su licencia de planeador a los 16, pasó años como piloto de combate en CF-18. Artemis II será su primer viaje al espacio. Se convertirá en el primer ciudadano no estadounidense en viajar al entorno lunar. Habló esta semana de lo que significa ver la Tierra desde el otro lado de la Luna: "Lo que sea que eso parezca, lo que sea que eso se sienta, es una oportunidad extraordinaria."
IV. Lo que va a ocurrir
La ventana de lanzamiento se abre a las 6:24 pm hora del Este, con una duración de dos horas. Si hoy no es posible, hay oportunidades hasta el 6 de abril: dos horas cada noche, condicionadas por la geometría orbital, el clima y los criterios de seguridad de la misión.
El viaje dura aproximadamente diez días. Después del despegue, la tripulación realizará verificaciones exhaustivas de los sistemas de Orion en órbita terrestre antes de ejecutar la maniobra de inyección translunar: el empujón que los manda hacia la Luna. La trayectoria es lo que en mecánica orbital se llama retorno libre —la gravedad lunar captura la nave, la rodea y la devuelve hacia la Tierra sin necesidad de propulsión principal. Es la misma clase de trayectoria que tomó Apollo 13 en 1970 después de la explosión a bordo. Una distinción importante: Apollo 13 sí realizó quemas adicionales para acortar el tiempo de regreso. La física garantizaba el retorno; los ingenieros determinaron cuándo y dónde.
En el punto más lejano —previsto para el sexto día— la tripulación estará a aproximadamente 402,000 kilómetros de la Tierra, superando los más de 400,000 km que alcanzó Apollo 13 en 1970. Si la misión procede, será el ser humano más lejos de casa en la historia registrada.
El objetivo central no es simbólico, aunque el simbolismo sea inevitable. Es técnico: probar por primera vez, con humanos a bordo, los sistemas de soporte de vida de Orion en las condiciones reales del entorno cislunar. Esos datos —sobre radiación, fisiología, comunicaciones, navegación a esas distancias— determinan cómo se diseñan todas las misiones que vienen después. El amerizaje está programado en el Pacífico, frente a San Diego, diez días desde ahora.
V. La otra carrera
Hay que leer esta misión dentro de un contexto más amplio, porque quien la lee como un proyecto exclusivamente científico no está leyendo completo.
China lleva dos décadas construyendo uno de los programas lunares más consistentes de la historia reciente, avanzando con una paciencia que contrasta con los arranques y retrasos del programa estadounidense. En 2007 lanzó su primer orbitador lunar. En 2013 aterrizó en la superficie. En 2019 aterrizó en el lado oculto —algo que ningún país había logrado. En 2020 trajo muestras lunares a la Tierra por primera vez desde Apollo. En 2024 repitió esa hazaña desde la cara oculta, territorio que nunca antes había sido muestreado.
VI. La montaña que todos compartimos
Victor Glover lo dijo con claridad antes de partir: "La exploración espacial es una carrera de relevos. El testigo ha pasado de generación en generación, de Mercury a Gemini, de Apollo a Skylab, a la Estación Espacial Internacional, y ahora a Artemis. Cuando tenemos el privilegio de cargar ese testigo, vamos a correr bien."
VII. Lo que viene después
Artemis II es el primer peldaño de una escalada que tiene varios tramos definidos.
Artemis III, programada para 2027, probará el sistema de alunizaje en órbita terrestre. Artemis IV, en 2028, será la primera misión en poner humanos sobre la superficie lunar desde diciembre de 1972 —con la intención expresa de que entre ellos haya una mujer, por primera vez. La NASA planea misiones aproximadamente anuales a partir de entonces, orientadas a construir una base permanente en el polo sur durante la década de 2030.
La lógica de esa base es la del campo base en montaña: no un destino final sino un punto de partida para lo que sigue. El polo sur lunar tiene agua potencial. Agua que puede convertirse en propelente. Una base que produce su propio propelente no depende de la Tierra para operar —y eso cambia la ecuación de lo que es alcanzable desde ahí. El horizonte que sigue, para quienes piensen en esos términos, es Marte.
Que eso ocurra en este siglo depende de decisiones que todavía no se han tomado, de presupuestos que todavía no se han aprobado, y de una voluntad política que históricamente ha demostrado ser inconstante. Apollo también lo dependía. Y sin embargo, ocurrió.
VIII. Esta tarde
Christina Koch lo dijo antes de subir a la cápsula: "¿Cómo nos sentimos siendo las personas que pueden llamar a la Luna un destino, y no solo algo que miramos? Es nuestra esperanza que esta misión sea el inicio de una era en que cualquier persona en la Tierra pueda mirar la Luna y pensar en ella también como un destino."
Eso es lo que hicieron las montañas con el tiempo. El Everest de Hillary y Norgay era una hazaña para dos personas en condiciones excepcionales. Hoy hay rutas fijas, campos establecidos, expediciones comerciales. La montaña no se democratizó por completo —sigue siendo peligrosa, exigente, inalcanzable para la mayoría. Pero dejó de ser territorio reservado para los elegidos y se convirtió en horizonte compartido. La Luna hará lo mismo, aunque los motivos que lleven ahí sean mixtos, aunque las banderas tengan nombres de estados y corporaciones, aunque la pregunta de quién se beneficia no tenga todavía respuesta satisfactoria.
Lo que sí ocurre hoy es concreto: cuatro personas suben a una cápsula y dejan la Tierra. Un comandante que conoce los riesgos y eligió de todas formas. Un piloto de combate que casi lloró al contárselo a sus hijos. Una ingeniera y alpinista que lleva notas escritas a mano de las personas que ama. Un piloto que nunca ha estado en el espacio y que esta noche irá más lejos de lo que ningún ser humano ha llegado jamás.
Cada uno llegó aquí por sus propias razones. Pero llegaron al mismo lugar: una cápsula llamada Integridad, un cohete, y el horizonte que llama.
Esta tarde, si el cielo lo permite, van a ir.
Cobertura en vivo: NASA+, YouTube de la NASA y Amazon Prime. Ventana de lanzamiento: 6:24 pm hora del Este / 4:24 pm tiempo del centro de México. Oportunidades adicionales hasta el 6 de abril.
Fuentes y referencias
Cómo citar
Raul Morales. "La montaña que todos compartimos - Artemis nos regresa a la Luna". Freeman, 31 de marzo de 2026. https://freeman.la/la-montana-que-todos-compartimos-artemis-nos-regresa-a-la-luna/
