Los saberes de la montaña (ESCRITURA DE MONTAÑA ECUADOR)

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Texto Selección Oficial: Convocatoria Escritura de Montaña en Ecuador 2020, organizado en colaboración por Tras las Huellas de Whymper y el Freeman Film Festival.

Saberes de la montaña

Necesitaba escapar. La fría y dulce celda que había llamado mi hogar por muchos años había apagado mi espíritu aventurero. Decidida tomé mi chaqueta y puse en la mochila una gorra, unos guantes y un termo de agua. Encendí mi auto y huí. La mañana era perfecta, las pinceladas blancas sobre el cielo turquesa, el verde agua de los pastizales, el imperioso perfil andino acompañaba este intrépido impulso de mi alma.

 La carretera estaba despejada pero no me movía ninguna prisa, al contrario, disfrutaba del aire entrando por la ventana, del vaivén de los autos en sentido contrario, como si todo sucediera lentamente. Al llegar al primer redondel de la entrada de Cayambe, mi GPS marcó hacia la derecha. Un poco más allá, un letrero verde anunciaba la vía que me llevaría al Cayambe. Había escuchado que el camino 4×4 era sorprendente. La vía se mostró bastante bondadosa hasta el sector de Piemonte Alto; de repente, quedé estupefacta ante la imponente subida llena de olas de tierra y grandes piedras. Era hora de activar la doble tracción, solo que no sabía cómo hacerlo. Un nudo en mi barriga me advertía que era riesgoso, y a la vez una sensación erizante que recorría mi piel me impulsaba a continuar. En ese momento, una camioneta pasó junto a mí y el señor que la conducía muy amablemente me ayudó a desactivar los candados y disponer la palanca, me explicó brevemente los principios básicos para usarla, aunque en realidad sus palabras resonaban como una lección improvisada en mi cabeza. 

-Estoy lista-, me dije y continué.

Mi auto se había alivianado. Me era difícil mantener el control, pero de a poco mis manos se acoplaron perfectamente al volante. Era gracioso cómo mi cuerpo tomaba posturas poco usuales al subir y bajar grandes surcos de tierra y piedras que hacían que mi Vitara se inclinara casi hasta los 90 grados. Una hora de intensa adrenalina desembocó en una planicie a los pies del blanco y achocolatado Cayambe. 

Al bajar del auto, un golpe helado me recordó que debía usar mi abrigo, mis guantes y gorra. Tomé mi mochila y empecé a subir el rocoso camino. No pasaría diez minutos y mis piernas temblaban, me senté y vi que la mayoría de gente hacía mucho más esfuerzo que yo, eso hizo que ganara más confidencia y continué. 

De repente, una luz me encegueció, un blanco intenso hizo que me detuviera en una pequeña explanada, me senté en una roca y quedé hipnotizada ante la belleza que tenía frente a mí. Cada surco grabado en sus entrañas reflejaba la magnificencia de sus años, el brillo de los grandes cristales proyectaba su esencia real, el café de su tierra expresaba la fuerza de la Pacha Mama. Una conexión me mantuvo dos horas contemplando y sintiendo la paz del gran Cayambe. 

La neblina anunció que era hora de retirarme, de bajada al refugio el paisaje me mostró la infinidad, donde el cielo y el curvilíneo perfil de las montañas parecen juntarse, pero respetan su individualidad. El sabio espíritu de la naturaleza, me regaló las respuestas que necesitaba. Regresé y desde ese día nunca más sería la misma. 

Autor: Gladys Esperanza Cueva Velásquez

Treinta y cuatro años siendo una orgullosa ecuatoriana, amante y apasionada de las cosas simples de la vida. Actualmente docente de inglés y hace muchos años graduada de guía de turismo, aunque lo ejercí por muy poco tiempo, lo dejé porque mi esencia es ser turista, no guía. Adoro explorar lugares nuevos, detenerme a ver una montaña y permanecer horas conectada con su magia. Hace poco descubrí el gusto especial de manejar por caminos desafiantes, lastimosamente, tuve que vender mi auto y espero pronto retomar esa actividad.  El viaje que menciono en mi historia fue determinante para hacer cambios en mi vida.  

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