Mis primeros 4,000 (Escritura de Montaña)

Texto Selección Oficial Convocatoria de Escritura de Montaña en tiempos de coronavirus. ¡Lee, comparte y vota!

Texto Selección Oficial: Convocatoria Escritura de Montaña 2020.

Mis primeros 4,000

Mis ojos se abren antes de que el sol se refleje en ellos, mi existencia ávida de parajes desconocidos y una mochila llena de artículos varios y coleccionables. Embelesada a priori por la aventura, con las comisuras de los labios bien arriba, pues siempre he pensado que el senderismo es una hermosa meditación en movimiento. Llego al punto acordado y nos subimos en una estructura confortable con 4 ruedas perfectamente alineadas, vamos en silencio, como queriendo reconocer en el otro una parte de nosotros mismos. 

Llegamos, estamos juntos al pie de la montaña, al pie de un presente que elegimos por separado para ese día en particular, vamos caminando, sonriendo y conversando mientras convertimos nuestra vida en microhistorias. Las horas se pierden, igual que mis pensamientos que extraviados deambulan por todas esas frases más ajenas que propias. »Esa montaña será mía», »Voy a conquistar la cumbre». ¡Para! El sonido de mi mochila me regresa al centro pues empieza a hacer estragos en mis pasos, voy detrás haciendo metáforas, relacionando mis dolencias con mi propia existencia. ¿Qué tanto cargo en mi vida? ¿Qué es eso que me pesa tanto dejar atrás? 

Suspiro, respiro, camino, admiro, río, sonrío. Voy a medio andar, a la mitad. Los caminos juegan al precipicio, juegan a hacerse estrechos y a poner puentes diminutos, juegan a adornar el paisaje con árboles que presumen orgullosos su majestuosidad. Me detengo y trato de beberme a enormes sorbos, con la pupila descarada y sin reparo esas formaciones inefables de vida. Sigo, sonrío, viento frío, neblina, suspiros de gente que ya no está. Suspiro más. A paso lento, sucumbo al miedo, miedo a caer, miedo a perder el equilibrio, las alturas, mis pasos se detienen otra vez, mi mente no espera a que se tranquilice el cuerpo, ipso facto ya está cuestionando, recordando, tratando de entender ese miedo, al final ¿Qué hay de malo en caer? Anda bonita que esto es vida, vaivén de subidas y bajadas, donde lo importante no es llegar primero, lo importante es poner en cada paso la intención de llegar. Así que vamos un paso, otro, otro más. Al fin llegamos al campamento, mis labios abrazan felices la deliciosa mezcla de café, pongo mi casa dentro de otra casa, rosa como tenía que ser. 

Fuego, seres humanos, bombones al carbón, estrellas que aparecen tímidas, insectos que escaparon de un entomólogo, luna mi amada luna, charlas, más mini relatos de vida, rostros que se iluminan, caminatas nocturnas. 

Me voy a casa, tengo frío, desearía ser contorsionista para poder abrazarme aún más. Antes de pegar mis ojos, el mío cerebro me cuestiona si en verdad quiero seguir, ¡No, ya no quiero! Lloro en silencio, a lágrima seca y tendida, pues sé bien que si dejo ganar a mis fantasmas perderé. Cierro los ojos, despierto. 

Un nuevo día se asoma en forma de rayo de sol, las aves emiten pequeñas melodías accidentadas que ensambladas dan el mejor de los conciertos, respiro, camino, hay escarcha miniatura en el sendero, me río. 

Mis pasos lentos se me abre el universo, mi corazón palpita más rápido, ¿Me vuelvo? ¿Me detengo?  Nueva alegoría, sí, sí me han fragmentado el corazón pero, ¿es eso lo suficientemente válido para dejar de intentar?, ¿entonces qué sigue? Sigue que te detienes, sigue que lo sanas, que lo trasciendes, lo transmutas. ¡Eso! ¡Eso! Mi corazón está listo para seguir subiendo. 

Ya veo la cumbre, mis ojos se empañan, pies andando, ¡lo logré!, ¡lo logramos! Hago una fotografía mental de ese instante, navego entre las nubes con mis ojos, mientras mi respiración converge con el viento, ¡siento, siento, siento!

Volvemos, juego, me divierto con los arenales cuesta abajo, tomo a mi yo pequeña de la mano y nos carcajeamos. Es hora de volver, recuerdo aquellas frases y discrepo, la montaña no es nuestra, nosotros somos de ella, de sus verdes y sus infinitas tonalidades, de sus azules y sus ocres. No la conquistamos, es ella quien nos conquista con sus misterios, su magia, su magnificencia, tierra es, tierra somos, somos uno con ella, con el universo entero. Al final todos llegamos a nuestra propia cumbre, porque en cada paso dimos lo mejor de nosotros mismos, y tocamos nuestro propio cielo. 

Llego a mi segundo hogar, me acuesto en mi cama con una sonrisa que no desaparecerá, algo cambió en mí. Me duermo ligera de cargas, con el alma empachada y maravillada, me duermo paupérrima de miedos, ausente de fantasmas, y con unas ganas inmensas de ser.

Autora: Karla Denisse Valadez Jiménez

Soy Karla Denisse Valadez Jiménez, nací en la ciudad de Guadalajara un 8 de julio de 1981. Psicóloga de profesión. Orgullosa creadora de Tochtli, marca Mexicana de cosmética natural. Amante de los libros, las estrellas y un buen café. Me gusta todo lo que me conecta con la tierra, desde ver crecer una semilla hasta caminar por las más hermosas montañas. Hago mis pininos en la escalada y el trailrun. Lo que más disfruto del outdoor sin duda es el senderismo.

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