Mi primera vez (ESCRITURA DE MONTAÑA ECUADOR)

Texto Selección Oficial Convocatoria de Escritura de Montaña en Ecuador en tiempos de coronavirus. ¡Lee, comparte y vota!

Texto Selección Oficial: Convocatoria Escritura de Montaña en Ecuador 2020, organizado en colaboración por Tras las Huellas de Whymper y el Freeman Film Festival.

Mi primera vez

Como a todos nos pasa, jamás olvidamos la primera vez; esa primera vez que vivimos una experiencia, un momento o un instante hermoso, abrumador, doloroso, apasionante, triste, fugaz, lleno de sensaciones indescriptibles que quedan grabadas en nuestra memoria. Sentimos una y otra vez cuando recordamos como si retrocedieramos y nuevamente viviéramos los hechos de aquel momento, en el que parece que el tiempo se detuvo por un instante.  Cuando se  experimenta la grandeza natural de nuestro planeta, siempre es “la primera vez”. 

Son las dos de la tarde, sobre las faldas de Los Ilinizas, dos montañas majestuosas de los Andes ecuatorianos. Mujeres y hombres erguidos bajo un montículo de cosas, el inexperto mira y todo para él es nuevo, no sabe cómo llamarlas ni cómo usarlas, lleva un traje, botas y equipo alquilado, nada le pertenece y nada le queda bien, solo tiene que prepararse y seguir al guía hacia un refugio a 4,800 msnm. La aventura apenas comienza.

Alegre el caminante sigue el sendero con sus nuevos amigos, nadie lo conoce pero todos lo saludan, – esto es nuevo para mí – piensa, unos bajan otros suben, a la mitad del camino el cansancio y la pesada mochila pasa su factura al novato. No sabía en qué se metía, no es suficiente el entrenamiento previo, esto es más que eso, no puede regresar. Primera lección: nadie lo regresará al inicio del camino. De repente, aparece el orgullo como fuente de energía. Intenta no demostrarlo pero ya no puede más, las botas dañan sus pies, la mochila lacera los hombros, la espalda duele, llueve y no sabe qué hacer, solo le queda imitar al que va delante suyo, la única opción es continuar.

Cae la noche y todo está en penumbras, -en que me metí- piensa meditabundo y sólo a lo lejos se ve un pequeño resplandor sobre un manto de hielo. Cansado, con miedo e indeciso se acerca al refugio, la felicidad llena su cara al contemplar una cabaña que abrigaría su cuerpo. Al entrar todo está lleno, todos saben qué hacer y él solo mira sin explicarse dónde y cómo poder descansar. Comer es en lo último que piensa, lleva en su mochila una botella de vino para celebrar su primera vez y la guarda como un tesoro. 

Son la dos de la mañana y un grupo se prepara para ir al Ilinizas Sur; -Qué envidia!, cuando le llegará ese día-, se pregunta. No puede dormir, los ronquidos, el sudor y la ansiedad le juegan una mala pasada. El descanso no parece ser una opción.

Al amanecer todo se alborota, inicia la preparación del segundo grupo rumbo al Illiniza Norte. Este humano jamás había pisado una montaña y menos a esa altura. Su majestuosidad lo cautiva y lo llena de ilusión, toma su equipo maltrecho y sigue al guía; un hombre sabio que pasada una hora de camino se detiene y decide no continuar. El humano lo toma como excusa y decide avanzar solo, actuando con impulsividad y arrogancia hasta alcanzar un grupo de tres personas que tampoco lo acogen. Segunda lección: no conoce el camino de regreso y no sabe qué le espera. No puede detenerse, tiene que avanzar. Abrumado por el peligro de abismos inimaginables y con miedo, después de varias horas de duro ascenso logra llegar. Tiene ante sí 5,126 msnm de enorme euforia, éxtasis y paisajes indescriptibles que cautivan y enternecen. Sin embargo, la cumbre es fugaz. Hizo nuevos amigos y se dispone a iniciar el descenso. Tercera lección: descender es el principio del cansancio extremo, mucho más denso y peligroso que subir. 

Al regresar al refugio encuentra al fin un momento de paz, el vino que pesaba tanto en la maleta jamás se lo tomó, no hubo festejo, solo debilidad y agotamiento; una voz despierta sus sentidos. -Equipo al hombro para seguir el camino- los segundos parecían minutos, los minutos horas, las horas interminables, nada más demoledor y destructivo que los zapatos prestados. Cuarta lección, dolorosamente aprendida: cuando inicies el camino hazlo con tus zapatos. 

¿Sería esta la primera, la última o la única vez? ¿Fue el destino o la suerte que lo condujo hasta la cumbre? Lejos de eso sus motores fueron la arrogancia y la codicia. Codicia en el Diccionario de la RAE significa: “Cualidad del toro de perseguir con vehemencia y tratar de coger el bulto o engaño que se le presenta”. Vivir para alcanzar la cumbre es siempre un engaño. 

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Este ser humano tuvo suerte de que los dos cerros que conforman los Ilinizas; Tioniza (cerro hembra) e Illiniza (cerro macho), como dos gigantes padres sabios,  le regresen con vida, le den lecciones de humildad y respeto profundo por la naturaleza, y le hagan descubrir que su gran tesoro es la montaña.

Autor: Carlos Vinicio Barba

Seudónimo: VINI

Profesión: Arquitecto

Biografía:

Vinicio, aprendiz de montañista y arquitecto, apasionado del deporte, siempre dispuesto a apoyar a otros a encontrar su razon de vivir, ecuatoriano de cuna, mantener el vivo recuerdo de mi infancia rural y las aventuras sobre un caballito negro me ayudan a encontrar el camino. 

Me gustan los frijoles negros de mi tierra, la brisa de la montaña, no por nada el verde es mi color favorito, me emocionan mis tres hijas y su espíritu. Si hablamos del aquí y del ahora doy gracias por haber entendido que la fe mueve montañas, o más bien que las montañas mueven la fe. 

Considero que los errores del ser humano se originan en la soberbia y la codicia. Les contaré el relato de un ser humano y su primera vez en la montaña. 

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