La Sandunga (Escritura de Montaña)

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Texto Selección Oficial: Convocatoria Escritura de Montaña 2020.

La Sandunga

La recorrí primero con la mirada. No era la primera vez que la veía, pero siempre me quitaba la respiración volver a encontrarme con su fina y perfecta silueta. Se tenía en pie con la seguridad de quien se sabe admirada, segura de sí misma. Me acerqué intentando ocultar mi nerviosismo, rozándola apenas para llamar su atención y desde ese primer contacto no hicieron falta palabras para comunicarnos. Dejándome llevar por un renovado impulso de confianza, comencé a recorrer con más seguridad todos los recovecos ya memorizados de su tez cobriza. Sabía -sin dudarlo- la presión exacta que debía aplicar en cada punto y recordaba con exactitud todas sus cautivadoras imperfecciones. Sentía cómo se dejaba seducir y cómo seguía concienzudamente cada uno de mis movimientos, atenta, expectante. Empezamos a fluir como si fuéramos uno, componiendo melodías, inventando pasos de baile imposibles, sabiendo que al menos por unos minutos, al menos en ese momento, el infinito nos pertenecía. 

De repente me vi sobrecogida por un vacío en el estómago y un frío estremecimiento me recorrió la espalda: sentí una textura desconocida bajo la yema de mis dedos. Su antes familiar superficie, ahora mostraba un enigma que me impedía ejecutar mi danza a la perfección. Me imaginé derrumbándome, sin alcanzar a entender lo que podría significar aquello. ¿Sería una herida irreparable? ¿Implicaba una imposibilidad de resolución?

Negándome a aceptar esta posibilidad, desenterré de mis recuerdos la memoria de nuestros encuentros previos. Recordé cómo, al principio, confundía su fineza con altanería y ni siquiera llamaba mucho mi atención. Recordé el día que empecé a leer entre sus líneas y cómo fue construyéndose en mi una curiosidad creciente hasta decidir acercarme. Recordé también lo poco certeros que habían sido mis primeros pasos, siempre tropezando y dando trompicones. Sucumbiendo una y otra vez ante su imponente belleza y ante las jugarretas que me hacía, ocultándome secretos que luego resultaban a todas luces evidentes. 

Y así, cuando abrí los ojos nuevamente, supe interpretar su insinuación, su invitación a descifrar el rompecabezas, a crear un nuevo movimiento. Me entregué a su juego: seducir a la roca como a una amante indecisa.

Autora: Andrea Harumi Takano Rojas

Mexicana. Bióloga con alma de socióloga. Enamorada de la escalada deportiva, los viajes en carretera, las cenas en fogata y los perritos de pueblo desde hace cuatro años. 

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