Ixcatán (Escritura de Montaña)

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Texto Selección Oficial: Convocatoria Escritura de Montaña 2020.

Ixcatán

A mi Padre.

¿Recuerdas cómo era el camino hace algunos años? La delgada vereda se abría a los pies del cerro. Los árboles, la maleza, las rocas. ¿Recuerdas cómo era estar “aquí”? 

-«Me da miedo, ya bájame…»

¿Recuerdas cómo dolía?

-«¡Siento que tengo los brazos como piedra!»

Cerrar las manos, abrirlas, el correr de la sangre, el sudor, el corazón a cien por hora.

Cargar zapatos, arnés, magnesia, anillas, todo en una pequeña mochila de 30 litros que llevaba de subida y bajada por esa delgada vereda. Caminar, respirar, avanzar, esperar a que hubiera descansos en el camino.

-«¡Ándale sube! Detrás de ese árbol se pone más planito…»

Pie tras pie, paso por paso. A veces íbamos diez piernas, a veces más. Las mías, más cortas, más lentas, más atrás. ¿Recuerdas?

El tránsito de sentir los antebrazos como roca después de haber sentido la roca en las manos. Pensar mis movimientos, más cortos, como al subir la vereda, mis manos, más pequeñas que las tuyas, mi corazón, latiendo muy rápido.

-«Esto se hace así, esto es una protección, esto un ocho, apréndetelo bien, de eso dependen muchas cosas.»

-«¿Y ahora qué?»

-«Ahora para arriba…»

El miedo en todo el cuerpo al separar los pies del suelo.

-«No alcanzo los agarres, ya bájame de “aquí” … o, mejor no.»

Seguir subiendo sin saber muy bien por qué. ¿Recuerdas? La sensación en el cuerpo, la satisfacción de llegar hasta arriba, el sueño que te conté: 

“Al fondo de las montañas el cielo es un telón de fondo donde se intuye el silencio, ¿Cuánto alcanzan a mirar mis ojos? La inmensidad a simple vista. 

De entre las rocas aparece una lagartija. Sigilosa, ligera, rápida, me mira de frente con un gesto inmutable, me invita a ir tras de ella. Mi vista no es tan rápida para seguirla, pero el sonido del seseo de la hierba me guía y corro muy rápido.

De los árboles nacen flores, las piernas y los párpados me pesan, el barullo de las conversaciones se hace cada vez más lejano. 

Frente a mis ojos lo natural se vuelve diverso, la tierra se abre y el seseo de la hierba es un sonido que apenas alcanzo a distinguir, pero sin verlo, aun lo persigo. Se desenreda la noche y mis manos tientan la profunda oscuridad. Delgadas siluetas se proyectan en mi pecho, ¿de dónde viene la luz? Esa luz que da profundidad a las cosas que no veo, ¿desde donde se proyectan estas sombras? 

A la altura de mis rodillas nace un río.

-«¿Desde hace cuánto estoy aquí?»

A mi espalda caen estrellas y su impacto con el suelo las desmorona.

-«Guarda un poco de energía que este camino es largo…»

Una serie de puertas se dispone frente a mí, se van abriendo una tras otra y en cada una alcanzo ver lo que hay dentro:

Tengo once años y estoy de pie frente a un abismo al que fui llevado por una lagartija, tengo nueve años y estoy sentado en mi pupitre escuchando atento la lección de historia, tengo diez años y debajo de un árbol juego con tierra. Mamá me grita: “no te separes de tu padre”. 

-«Nunca es tarde…»

Intento mirar mis manos y no puedo ver nada, ¿en dónde pongo los pies?, ¿en dónde descanso los brazos?, ¿en dónde oculto mi cabeza? 

-«Nunca es tarde para ver…»

Miles de líneas convergen en un solo vector, el azar está dispuesto para no ser adivinado.

-«Nunca es tarde para ver lo que se tiene frente a los ojos…»

Mis antebrazos no resisten más, mis manos no pueden sujetarme, desde lo alto y con cierta distancia de mi última protección, con el corazón en la boca y el cuerpo agotado alcanzo a gritar “¡CAIGO!” y al hacerlo del abismo una profunda luz crea el día para cuando mis ojos se abren.”

Me temblaban las manos. ¿Recuerdas?

Un cuerpo pequeño con los ojos muy abiertos, despertar en un gigantesco jardín de juegos.

¿Recuerdas que veníamos cada sábado, desde temprano hasta que anochecía? Y que yo tenía las ganas, la motivación y la mirada tranquila de quien no se asusta frente a la pregunta ¿qué hago “aquí”? Tan lejos del suelo, de mis juegos, de mis clases en la primaria, de mí “no entiendo nada”. Y es que “aquí” no importaban los juegos, las clases, no entender nada, las reglas eran otras; poner bien la cuerda, cuidar en donde ponía los pies, en donde las manos, descansar, seguir subiendo.

Al pensar en el paso del tiempo observamos el cambio de las cosas, pero en mí, de lo que soy y lo que he sido guardo el río, las estrellas, la inmensidad, y el mirar de frente de una lagartija. 

Hay preguntas que vale la pena meditar en silencio y que el silencio sea su única respuesta. 

¿Recuerdas?…

*San Francisco Ixcatan es una localidad ubicada a cuarenta minutos del centro de Zapopan en el estado de Jalisco. Es conocido por la comunidad escaladora como una de las mejores zonas para practicar el deporte en el estado. Hoy en día esta zona cuenta con más de 120 vías equipadas entre 18 diferentes sectores para la práctica de la escalada deportiva además de algunos bloques. Placa semi-desplomada sobre roca basáltica, la dificultad de las vías de esta zona va del 5.9 al 5.14b.

Autor: Diego Ernesto Vázquez Jiménez.

Guadalajara 1994. El azar me hizo nacer en una familia que azarosamente había encontrado la escalada. Comencé a escalar con dedicación a los 9 años. Escale por un periodo de 3 años y después cambie la cuerda por la guitarra. Estudié guitarra clásica en el conservatorio de la Universidad de Guadalajara. A los 16 años fui expulsado de la preparatoria y a raíz de esto me reencontré con la escalada, desde entonces hasta la fecha la escalada es una pasión a la que me aboco completamente.

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