Expedición al monte COVID (Escritura de Montaña)

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Texto Selección Oficial: Convocatoria Escritura de Montaña 2020.

Expedición al monte COVID

Recibí la llamada de Alí justo antes de la media noche, me contó de una nueva expedición, a decir verdad yo jamás había escuchado sobre el Monte Covid, pero como si adivinara mis pensamientos, él me dio la respuesta, esta era una experiencia única, en solitario y tendría una duración de al menos 40 días. Titubee un poco pero al final decidí tomar el riesgo, nos vimos en el lugar y la hora acordada, pero como había sido previsto, cada uno tomó un rumbo distinto.

El panorama de inicio no parecía complicado, hermosos robles abrían paso a un sendero, el sonido del río hacía juego con el del viento, todo parecía perfecto. Sentía mucha paz, instalé mi casa de campaña, me acosté a admirar las estrellas, una noche, otra más, no quería irme, pero sabía que debía seguir. Pasarón los días, las horas se hacían cada vez más pesadas igual que mis pasos, empecé a cansarme de lo rutinario de los días, tenía una extraña sensación de no poder avanzar. Como si no bastara con mi desesperación, comenzó a llover y mis ojos llovieron también ¿A dónde me llevaría todo esto? Seguí caminando, los paisajes cambiaban, mis estados de ánimo también. 

A veces se desvanecía el camino y yo me desvanecía con él. Otras veces el sendero me llevaba cuesta arriba, se ralentizaba mi andar, debía ponerme el equipo necesario y tomar todas las precauciones para no resbalar con el cúmulo de rocas frágiles y quebradizas, el miedo se apoderaba de mí, sin embargo, mi miedo más grande no era precisamente caer, mi miedo más grande era saber que con esa caída no solo se extinguiría mi cuerpo, si no que con él también se extinguirían mis sueños. 

Había otros días, me gustaba llamarlos días azules, eran sin duda los mejores, cielo despejado, glaciares maravillosos que aparecían a lo lejos, esos días podía conectar con ese silencio puro, perfecto, que te conecta con todo el Universo. Me recargaba en un árbol cercano al campamento y nos sentía inmensos.

Perdí la noción del tiempo pero aún sin ella se seguían marcando mis pasos hacia el gran Monte Covid. El frío comenzó a sentirse más fuerte, comenzó a nevar, así que no me quedó más remedio que refugiarme dentro de casa y abrazarme lo más fuerte que pude. Me sentí particularmente triste ese día, extrañaba mucho a mi familia, esas largas charlas con mis amigos hablando de todo y de nada, el sabor de un café en compañía de un libro de poesía, añoraba más que nada poder compartir todo esto con Alí. 

Me quedé detenida por muchos instantes en ese lugar, hasta que determiné que era suficiente, necesitaba terminar ese viaje, así que decidí seguir a pesar de la nevada, recogí el campamento, me preparé, crampones puestos y piolet. 

El camino a la cima era de una complejidad considerable, no estaba segura de que lo lograría, durante el ascenso no sé qué era más gélido si el clima o mis pensamientos. Pensé en todo el tiempo que perdemos los humanos en cosas nimias, en cómo dejamos ir como arena entre nuestros dedos lo que realmente es importante, me cuestioné, ¿cuándo dejamos que lo externo defina quiénes somos? ¿En qué momento decidimos que nuestra especie era superior a todas las especies y lo arruinamos todo?  

Lloré como no había llorado nunca y entendí en ese justo momento por qué éste tenía que ser un viaje en soledad, las fibras que tocan los grandes cambios, las grandes montañas se viven dentro de cada ser de forma distinta; cada paso, cada pedazo de cielo, cada roca, cada árbol, cada estrella nos enseña de manera particular lo que cada uno necesita aprender. 

Miré hacia arriba, la cumbre se asomaba, majestuosa, hermosa, resplandeciente, apreté el paso. Llegué y el amanecer también, sonreí, puse la mano sobre mi corazón y ahí estaba Alí. 

El viaje ya casi termina, faltan días para llegar a casa, soy conciente de que aún habrá días grises, azules y amarillos, sé que seguiré extrañando abrazar a los que amo, sé que habrá días en que necesite ponerme todo el equipo necesario para no caer. Que habrá más tristeza, incertidumbre y ansiedad, pero también habrá alegría, risas y conciencia.

Sé que después de esta expedición nada volverá a ser igual para ninguno de nosotros, este viaje nos ha llevado a la cumbre más profunda, la que habita en cada uno.  

Autora: Karla Denisse Valadez Jiménez

Soy Karla Denisse Valadez Jiménez, nací en la ciudad de Guadalajara un 8 de julio de 1981. Psicóloga de profesión. Orgullosa creadora de Tochtli, marca Mexicana de cosmética natural. Amante de los libros, las estrellas y un buen café. Me gusta todo lo que me conecta con la tierra, desde ver crecer una semilla hasta caminar por las más hermosas montañas. Hago mis pininos en la escalada y el trailrun. Lo que más disfruto del outdoor sin duda es el senderismo.

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