El camino hacia la ultradistancia (Escritura de Montaña)

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El camino hacia la ultradistancia

Una tarde estando en compañía de Luis Cleto, su padre Cruz Cleto, Silvino Cubesare y un joven talento, Alfonso, también de la sierra tarahumara, tuve la oportunidad de hacer la siguiente reflexión que llegó a una historia que siempre llevaré conmigo.

Para todo corredor recreativo

Cuando surge la oportunidad de hablar del camino a la ultradistancia, es lógico pensar  en que se pasa por un proceso evolutivo, 5 km, 10 km, 21 km, 42 km, antes de correr más de 42 km. Sin embargo, si esto fuera cierto, nos estamos olvidando de los 100, 200, 400, 800, 1500, 5000, 10000 metros y aunque no me considero un conocedor del atletismo de pista, no he tenido referencia de que Juan Luis Barrios quiera hacer ultradistancia, o Madai, Marisol Romero, Karina, Patricia o Juan Carlos Romero.

Se comenta también que la ultradistancia se debiera realizar en determinada edad, cuando tus músculos que trabajan la resistencia están desarrollados totalmente, pero en competencias internacionales de más de 160 km he mirado ganar a corredores de 19 años, a mujeres de 23 años en distancias de 217 km, niñas corriendo 100 km o jóvenes de 13 años cruzando la montaña a lo largo de 80 km cargando una mochila de autosuficiencia de más de 5 kg de peso.

Si la práctica de la ultradistancia dependiera de una evolución deportiva o desarrollo muscular, me sentiría tonto platicando esto porque no soy el corredor que pasó por un maratón ni mi musculatura está desarrollada, siendo así, mejor platicaré como Sergio Vidal que un día fue “el peluche”, Sergei en algún momento, hoy Steve Nox llegó al mundo de la ultradistancia.

En el 2017 realicé mi primer medio maratón en 2 horas 04 min. Por la mañana siguiente encendí la radio, escuché que transmitían la realización de un “ultramaratón de 50 km”, era un evento novedoso en Guadalajara. Salté de la cama. En mi interior cierta molestia por no haberme enterado, no hubo mucha participación. Escuché al valiente primer lugar y pensé que de haber participado hubiera logrado un lugar. Un sentimiento de competencia surgió en mi interior pensando que si en medio maratón hacía 2 horas 04 minutos, para 50km -29 km más-, debería lograr al menos 5 horas 30 min. Nuevamente, no venía un pensamiento de evolución deportiva ni desarrollo físico. El siguiente año estaría en este evento. Así lo hice, logrando poco más de 5 horas. Mis tenis no salían por lo hinchado de mis pies, el organizador me abrazó y los retiró. Yo estaba feliz y partí a casa, lo había realizado todo.

Por la mañana apenas podía caminar. Entré al baño, tomé una revista donde leí la historia de una mujer, Mercedes Balderas, que había corrido más de 100 maratones y diversos eventos de ultradistancia, alguien a quien desde ese día admiro y consideré como corredor creativo, “mi héroe”. Seguí revisando la revista, en la sección de calendario de eventos se anuncia el primer ultramaratón de la ciudad de Torreón 100 km, de inmediato mi corazón se aceleró, pensé que era una exageración. Salí del baño y me dirigí a dormir, lo que no fue posible, esa noche no podría cerrar los ojos.

Por la mañana tomé el teléfono y marque a Torreón preguntando si alguien como yo, sin experiencia, podría participar en el evento de 100 km, -“nunca he corrido un maratón y menos 100km, sin embargo, tengo muchas ganas de participar”- les comenté por teléfono, a lo que contestaron -“no importa, usted puede participar, será bienvenido”-.

Pasaron días para decidir asistir. No dormía, en el trabajo no me concentraba, lo comento con mi pareja, no dice nada solo sonríe. Sin haberme registrado aún leo una nota de un diario de la ciudad de Torreón donde se menciona el evento en la rueda de prensa, -“se tendrá la participación de Rubén Chávez de Aguascalientes con más de 160 maratones y eventos de 100 km, Julio Mitates de Monterrey que ha corrido diversos maratones alrededor del mundo, Carlos Alberto Lezama corredor que ha participado en eventos de carácter mundial representando al país, mismo caso con Abraham Moreno corredor de carácter mundialista, Luis Alfonso Zazueta que corría en el desierto del Sahara 100 km, Beto Villa corredor de León  Guanajuato con decaironman, Mercedes Balderas con sus más de 100 maratones y eventos de 100km”, y ahí estaba yo, “Sergio Vidal, de Guadalajara”. ¿Quién era Sergio Vidal a un lado de los grandes atletas mencionados en el evento?, lo que realmente me hizo feliz fue mirar mi nombre al lado de la mujer que admiraba y admiro, mi heroína, no hubo más dudas correría los 100 km.

Regresaron las dudas. Dos días antes del evento estaba en mi sillón mirando la televisión, mi cabeza no me dejaba tranquilo, sin decir palabra me levanté, preparé una maleta y me dirigí fuera de casa, -“¿a dónde vas?”-, gritó mi esposa, -”a correr 100 km”- le contesté y salí a tomar un autobús que me llevaría a Torreón.

Llegando a la ciudad fui al parque donde otorgarían los números de participación, descansé en el suelo. Era aún temprano,  miré que se acercaba una mujer, pensé si sería Mercedes, al preguntarle respondió que no. Más tarde aparecía otra mujer, era Mercedes, yo estaba nervioso, saqué una camisa que pedí que me autografiara. Ahí estaba yo, pidiendo un autógrafo, nervioso, con un nudo en la garganta, me preguntó si yo correría, demás atletas reunidos le afirmaron que sí y que sería mi primer 100 km. Ella sonriendo comentó me ayudaría, la persona que tanto admiro, esa gran mujer de la revista me ayudaría. Por la noche estábamos ahí 35 grandes atletas mexicanos y Sergio Vidal, de Guadalajara.

Mientras el presentador mencionaba a cada uno de los atletas pensé cómo correría 100 km, había leído de una técnica de correr caminar. Conocí a Luis Alfonso Zazueta, él venía de correr 100 km en el desierto del Sahara, le pregunté cómo podía correr 100 km, me miró y contestó, ven con nosotros, iremos despacio y de que terminamos, terminamos. Así salimos rumbo a esos 100 km. Éramos cuatro corredores, cuatro personas comunes que esa noche se convirtieron en “los cuatro fantásticos”.

Esa noche había más corredores que corrían sus primeros 100 km, algunos no habían corrido siquiera más de 21 km. Sin embargo, en lo que fue el grupo de los cuatro fantásticos corría una mujer que solo había realizado 10 km, un joven de 19 años que, escapando de casa, corría por primera vez 100 km. Corrimos toda la noche junto a nuestro líder Luis Alfonso. Durante el curso, que era un circuito de 2 km, celebramos un primer maratón de algunos de los que ahí corrimos, ahí en la madrugada, sin meta, sin aplausos, paramos y nos abrazamos y nos felicitamos. Seguimos corriendo, el objetivo eran esos 100 km, pasaban las horas y el cansancio apareció, después el dolor, nosotros seguíamos corriendo, por momentos el dolor nos separaba, esperábamos a los demás y tratábamos de pasar juntos por la meta. Ahí estaba la gente reunida que apoyaba y aplaudía a cada paso, en cada vuelta. Al llegar a ese punto la música sonaba y entre aplauso y sonrisas nos propusimos no mostrar cansancio al cruzar ese punto donde estaban las personas. Nos preparamos antes de cruzar la meta, limpiamos las lágrimas, limpiamos nuestro rostro y pasamos sonriendo, gritando, interactuando con las personas. Eso hizo que las personas esperaran nuestro paso nuevamente. Más adelante en la soledad, parábamos fatigados, con dolor, sin poder caminar algunos, pero no mostraríamos sufrimiento frente a las personas.

Nuestro objetivo en ese momento fue llegar juntos al final de la carrera, el cansancio venció a dos de esos cuatro corredores y se rezagaron una vuelta. Era la última vuelta. La chica que corría en el grupo de los cuatro fantásticos y yo estábamos a metros de la meta, los otros corredores no llegaban, acordamos no cruzar la meta, lo haríamos juntos. Miramos algunas personas que caminaban hacia nosotros desconcertados por que no llegábamos, unos pequeños niños corrieron hacia nosotros, también desconcertados al mirarnos tirados, esperaban nuestra llegada y nuestros compañeros no aparecían. Faltaban 200 metros, mi compañera lloraba, los niños nos observaron, nuestros compañeros aparecían, arrastraban sus pies, reunidos gritamos -“estamos listos”, “estamos listos-”, limpiamos las lágrimas, limpiamos nuestros rostros, nos abrazamos y tomados de la mano comenzamos a correr con rumbo a la meta, seguidos por los niños. La madre de Daniel, uno de los cuatro fantásticos, corría a buscarlo, lo había buscado toda la noche hasta que encontró a sus compañeros y le comentaron que su hijo estaba corriendo 100 km. Al mirarnos las personas gritaron, -“ahí vienen los cuatro fantásticos”-, así cruzamos la meta de los 100 km entre aplausos y gritos, 13 horas 46 minutos. Lo habíamos logrado.

Qué hay después de correr 42 km, pienso que es relativo y que no hay un concepto absoluto, y si la ultradistancia es cuestión de evolución deportiva o desarrollo muscular entonces los que estamos hoy reunidos nos retiramos, porque de ese tema, no sabría qué platicarles.

A: Aurora Boris carrasco, Daniel Barrientos, Luis Alfonso Zazueta: Gracias.

Autor: Sergio Vidal Álvarez
Originario: Celaya, Guanajuato
Corredor recreativo

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