Aventura en los Bugaboos (Escritura de Montaña)

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Aventura en los Bugaboos

Frío. Qué pinche frío. Levantarme de la tienda resulta, en muchas ocasiones, lo más difícil del día. Ya no hay viento. Por fin, ¡vaya noche! Entre gruñidos le digo a Mark que la tormenta ha pasado, que a pesar de las roturas de nuestra pequeña casa de acampar, únicamente son nuestros sacos de dormir y ropa que se han mojado. Las cuerdas, y el equipo se ven bien. El viento y la lluvia han cesado, creando nuestra primera oportunidad para escalar en este lugar. 

Los Bugaboos es un parque provincial en Canadá famoso por su calidad de roca alpina. Paisajes dignos de un cuento fantástico y rutas suficientes para entretener vidas enteras hacen del lugar un verdadero paraíso para cualquier escalador. Nuestra llegada al parque no había sido ideal. El carro se echó a perder a pocas horas de los Bugaboos haciéndonos perder dos días. La tormenta, la noche (y día siguiente) de nuestra llegada, casi destruye nuestra la tienda de acampar. Sin embargo su consecuente encerrón, no hizo más que alimentar nuestro deseo por escalar. 

La aproximación al campo base consistió en 5 horas de senderismo que nos vio recorrer desde bosques y ríos hasta el mítico terreno alpino. Por supuesto habíamos sido lentos; cargamos equipo de escalar, de acampar y  comida para una semana. Lecciones sobre qué empacar (y qué no) en un viaje a un lugar como los Bugaboos, sería una de varias cosas aprendidas en nuestra corta expedición. Los viajes de escalada siempre presentan oportunidades de aprendizaje, una razón más para amar la escalada.  

Espero que no haga tanto frío allá arriba. Entre escalofríos y risas, salgo de la tienda rumbo a nuestro caché de comida. Mientras mezclo agua, avena, crema de maní y algunos frutos secos mis compañeros se tambalean hacia a nuestra modesta cocina. Las estrellas todavía brillan fuerte en el cielo, al horizonte una luz pálida comienza a esclarecer el panorama. 

-“Cómo durmieron?”-, pregunta Rick, quien había pasado la noche en la tienda individual. -“Pues, no muy bien, pero al menos nuestra tienda no quedó destruída eh?”- respondo con una sonrisa en la cara. -“La mía tampoco, sin embargo me empapé”-, -“Supongo que fue inevitable”. Mas tarde nos enteraríamos, regresando de escalar, que algunas personas tuvieron que abandonar el campamento, huyendo de la tormenta ya que sus tiendas de acampar sucumbieron a la tempestad. Vestigios de nylon y palos rotos junto con algunas conversaciones servirían como fuentes de información. Sin más que hablar, terminamos nuestro desayuno y verificamos el equipo; dos cuerdas, varias eslingas, un rack de protección tradicional y mosquetones varios. Adicionalmente, cada quien carga con lo suyo; arnés, atc, casco, crampones, piolet, gatas, almuerzo y agua. -“Bueno, pues a darle muchachos. ¡Qué chingón que por fin vamos a escalar!”-.

Emprendimos así la aproximación de nuestra ruta. Conservativamente habíamos seleccionado La Ruta de Kain que asciende a la cima de la Bugaboo Spire, en parte para familiarizarnos con la zona. Supuestamente un clásico del lugar, la ruta ofrece una combinación de montañismo con secciones de escalada técnica de baja dificultad. 

Al llegar a la base de la Col entre Bugaboo y Snowpatch Spire nos detenemos para tomar agua, el amanecer nos permite apagar nuestras linternas. Comenzamos a ascender la rampa de nieve de 200 metros. Usando crayones me siento torpe. Mientras subimos me es inevitable notar la cantidad de roca desprendida a nuestro alrededor. Esta Col de mierda conlleva significante riesgo. Joder, algunas de estas rocas son del tamaño de un bocho. Lo mejor que podemos hacer es apretar el paso. Rick y yo cruzamos miradas. -“Menos mal que empezamos temprano, en cuanto el sol le pegue a esto, el riesgo de roca suelta aumentará-”, comenta Rick. -“Ni lo digas carnal, de regreso tenemos que bajar por aquí…”-, -“cierto, bueno más vale subir y bajar rápido”. Acto seguido mi amigo alemán comienza a subir de nuevo, pateando duro contra la nieve. Este bastardo se mueve bien en la montaña. Lo sigo decidido a no dejarlo lejos y lo alcanzo en la cima de la Col. Mis pies están mojados y congelados por la nieve. Después de echar una meada y un trago de agua, torno mi mirada al filo que nos llevará a la cima. No se ve tan fácil. Hay mucha roca suelta y la exposición es brutal. Respira. El crux de esta ruta es no perderte, y moverse rápido. Eso lo sabíamos, ahora tocaba demostrar. Algo que resultó complicado para nuestro inexperimentado equipo de tres. 

Después de un rato Mark llega jadeando a la cima. Rick ya ha empezado el filo. Brevemente miro a Mark, comunicando mi urgencia de seguir. Anhelando roca emprendo camino en dirección a Rick. Por unas horas hacemos escalada de quinta clase, es decir únicamente usamos nuestras manos en secciones cortas, mientras no necesitamos cuerda o protección. Dada la exposición una caída podría resultar fatal, pero el movimiento es fácil. Mark se mueve brutalmente lento. Chale. Ni pedo, venimos juntos. Seguro él se siente peor que nadie. Algunos escaladores nos pasan justo antes de la sección técnica. Rick, generosamente, me ofrece las puntas de las cuerdas. Al poco tiempo estoy escalando en bávaro una increíble grieta con vistas de glaciares y picos inhóspitos a mi alrededor. Vale la pena ¿verdad? Sí, levantarse con frío, semi de noche en medio de la chingada vale la pena. Incluso, yo diría que es un precio bajo. ¿A caso hay algo mejor que escalar? No se me ocurre nada, bueno tal vez…Ya cállate, dale.

Apaciguando mis pensamientos prosigo a gozar el movimiento vertical. Es fácil. Comparada a las grietas que he escalado en Squamish, ésta es fácil. La protección me lleva poco tiempo, aún extendiendo cada pieza que pongo. No siempre es así cuando escalo, oh no, Dios sabe que me he cagado de miedo en más de una ocasión. Me encuentro con una reunión de bolts. Volteo hacia abajo, parece que todavía hay bastante cuerda. Sé que hemos perdido mucho tiempo en la quinta clase. Decido seguir; más gloria. Empotres perfectos me hacen ignorar el agua al fondo de la grieta. Desenfrenado, escalo hasta que las cuerdas se terminan justo a tiempo cuando llego a una pequeña cima donde me puedo sentar. Dos bolts marcan el final del largo. Ahuevo. Empiezo a armar la reunión para asegurar a mis camaradas. Desde mi posición se ve la verdadera cima. Ya nada más nos falta este filo, esos largos y de ahí se ve fácil. -“¡TE TENGO!”-, grito hacia abajo. Con una sonrisa comienzo a asegurar a mis amigos. Espero que la estén pasando tan bien como yo.

Autor: Manuel Palacios

Un poco sobre mí. 
Nací en la Ciudad de México. Mi trabajo principal es Coordinador de Educación en el Hive Bouldering Gym de Surrey, Vancouver. Adicionalmente he guiado a gente a escalar en roca natural. En el Hive de Surrey coordino todos nuestros programas (clases infantiles, cursos para adultos y grupos), también trabajo como instructor, que es lo que más me gusta del trabajo: compartir la escalada con la gente. Fuera del muro, principalmente me la paso escalando, la mayoría del tiempo en Squamish. Cuando puedo salgo a acampar y también me gusta correr en la montaña. Estando en casa paso el tiempo leyendo y cocinando.

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