ALPES (Escritura de Montaña)

Texto Selección Oficial Convocatoria de Escritura de Montaña en tiempos de coronavirus. ¡Lee, comparte y vota!

Texto Selección Oficial: Convocatoria Escritura de Montaña 2020.

Alpes

Grand Capucin

Cuentan que los Alpes son las montañas más bellas, yo creo que es verdad. 

Me gusta oír el crujido del crampón sobre la nieve, nunca lo había sentido. Me gusta despertar en un lugar lleno de montañas, de nieve y de piedras. Me gusta estar ahí con alguien que quiero y admiro. Me gusta lo desconocido.   

Tal vez escalar aquella aguja roja hoy no suponía la misma dificultad que en 1951, nosotros fuimos a disfrutar su belleza, a danzar sobre granito, a sentir el viento, a vivir. 

La Marmolada Sur

850 metros y ni una placa, pura aventura y de la buena. Subimos los primeros largos y al cabo de unas horas, el tiempo se nos venía encima. Emilio, con tan solo 15 años de edad tiraba siempre para arriba junto con Cristy y un marrano. Por otro lado, Santiago, Emilio y yo intentando no tirar ni una piedra. La noche se asomaba, el viento soplaba y las gotas comenzaban a caer, realmente no sabíamos qué hacer, pues pensábamos que la repisa llegaría pronto, pero no fue así, trepamos por unas horas más hasta que las gotas comenzaron a ser más densas y los relámpagos más fuertes. Así que decidimos quedarnos, ¡Sí! colgados en un pedazo muy pequeño de piedra, abrigada por el calor de Santiago y Emilio. Sólo recuerdo que mis pies estaban tan fríos y mi ropa tan mojada que lo único que quería era llegar a la cima.

-4:00 am. El sol comenzó a salir, un helicóptero arriba de nosotros, nos encordamos y continuamos. El helicóptero, al vernos escalar se fue. Por fin, ¡por fin llegamos a la repisa!

Nosotros descansamos en lo que llegaba la segunda cordada y preparamos algo de comer. Definitivamente es la comida que más he disfrutado y solo era una sopa “Knorr”, de esas que no me gustan, pero aun así me supo a gloria. Pensar que la tormenta había pasado me daba tranquilidad. 

Aún nos faltaban 500 metros por escalar, nuestra energía era baja pero continuamos, la noche volvió a llegar, unas gotas caían en mi cabeza. Afortunadamente no llovió como la noche anterior y continuamos. Para esto Cristy había recibido un golpe por un péndulo pero con esto seguimos, veíamos la cima tan cerca, las ganas de estar ahí eran cada vez mayores. El frío volvía a llegar, la piedra era cada vez más débil, el camino era difícil de encontrar; lo único que nos guiaba era algún clavo de vez en cuando. Santiago motivaba a todos a continuar. Largos sin proteger y el miedo en mi corazón. Después de muchas horas Santiago vio la cima, yo solo escuché su felicidad que nos contagió a todos. Al llegar arriba nos abrazamos. ¡Qué alegría de estar sanos!, montamos la tienda y dormimos juntos. —Los quiero y admiro mucho amigos. 

Autora: Andrea Uribe Morán 
Originaria: Querétaro, México 
Profesión Ingeniera en Industrias Alimentarias 
Pasiones: Deporte, aventura, viajes, fotografía, plantas, naturaleza.

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